¿SUMISIÓN O UNIÓN?
Juan Antonio Blanco | 14/08/2008 4:41
Tags: autonomía, embargo, nación, Raúl Castro, sociedad civil
Creo reconocer -hay manierismos inconfundibles- al autor del ovejuno mensaje firmado con el titulo de la obra teatral Esperando a Godot que fuera enviado al post anterior y publicado por mi entre los comentarios de Unamos la nación al que iba dirigido. Allí aparecen, íntegros, mi llamado a la unión y su mensaje de sumisión para quien desee releerlos.
La respuesta –que haré dividiendo por partes su texto- ha resultado extensa para este espacio, aunque no para lo que mereciera decirse a quien la envió. Pero creo que, al final, el tema interesa a todos.
1) “Esta retórica blanquina sobre la nación huele mal”
Ese es el derecho de su olfato. En mi caso tiendo a sentir mal olor cada vez que recibo o leo un mensaje que pretende ser agudo y perspicaz sembrando misterios sin ser claro. Si tiene algo que decir sobre mi o mis intenciones dígalo aunque se oculte detrás de un pseudónimo. Con claridad le digo que creo su texto oscuro por las razones que, párrafo a párrafo, explicaré a continuación.
2) “Está concentrada en trabajar desde arriba, en forma vertical, quitando y poniendo políticas que reacomodan el dominio de aquellos que ya tienen el poder, sea en Cuba o en Miami. En otras palabras, lo que propone Blanco es una alianza entre las élites políticas y culturales, no una transformación democrática que se genere a través de todo lo largo y ancho del espectro social. Ése modelo si avanzado en los setenta y parte de los ochenta, hoy está agotado”.
Creo que lo que le molesta es precisamente lo contrario de lo que usted afirma. En efecto, son las sociedades civiles las que deben tener el protagonismo en esta nueva época y por eso promuevo su capacidad de acción autónoma sobre la base de intereses prioritarios y comunes. Como la nación cubana está fragmentada de diversas formas, y una de las más importantes es la que se ha producido con el destierro masivo de cientos de miles de personas, pretendo contribuir a identificar sus intereses comunes para hacerlos valer contra aquellas estructuras de estado y gobierno que los afectan.
3) “La sociedad cubana no es la misma de hace veinte años, ni el mundo tampoco”.
No pierdo la esperanza de que algunos dirigentes cubanos lleguen a entenderlo.
4) “Lo que tenemos que hacer es acabar con nuestros prejuicios contra las posibilidades de cambio dentro de las estructuras gubernamentales cubanas, por mínimas que estas sean, y ver cómo la sociedad civil puede integrarse a ellas críticamente. Y afuera, presionar para que las relaciones bilaterales pongan a la gente común por encima de los gobernantes”
El que suscribe ha examinado en múltiples ocasiones la potencialidad y sobre todo necesidad de cambios en la sociedad cubana. Si ese no es el rumbo que vienen tomando las cosas me parece exagerado cargarlo a los prejuicios que algunos puedan tener sobre “las posibilidades de cambio de las estructuras gubernamentales cubanas”. El que hizo el discurso el pasado 26 de julio fue Raúl Castro, no yo. Tampoco tengo responsabilidad alguna en la promoción de José Ramón Machado Ventura.
El que me acusa de intentar hacer política elitista hace un llamado ovejuno a darle un cheque en blanco de fe (otro más después de medio siglo) al gobierno cubano, para entonces “ver como la sociedad civil puede integrarse” a las medidas que decidan “por mínimas que estas sean”. Y luego pretende calificar esa integración al añadir que se realice “críticamente”, intentando posar de defensor de una autonomía a la que ya renunció de antemano.
O sea, ver qué decide hacer el gobierno y entonces veremos –VEREMOS- cómo (si se lo permiten y hasta dónde se lo permiten) se “incorpora a ellas –incorporarse es siempre lo “políticamente correcto”, nunca oponerse. Para cerrar ese malabarismo verbal se agrega “críticamente”, palabra que no alcanza a ocultar el espíritu sumiso, elitista y pro gubernamental de este enfoque.
Toda la concepción anterior –que intenta pasar por actualizada y democrática- no revindica el papel autónomo de la sociedad civil ni el ejercicio de la soberanía popular, sino es un sumiso canto al vanguardismo leninista –elitista trasnochado del que ningún intelectual de izquierda que se respete hace ya la defensa.
Pero me llama aun más la atención el hecho de que su mensaje, al tiempo que llama a quitarnos los prejuicios sobre el inmovilismo gubernamental (al cabo de 24 meses del ascenso de Raúl Castro) se conjugue con una exhortación tan típica del gobierno cubano como la de que los que estamos “fuera” debemos callarnos la boca sobre lo que ocurre en nuestro país y volcar todos nuestros esfuerzos a reclamar un cambio en las relaciones bilaterales. Que conveniente, ¿no?
Eso –sin misterio- es tramposo. Ese “zapatero a tus zapatos”, que implica una suerte de “trabaja para quitarme el embargo y no hables ni opines de un país al que ya no perteneces” ha sido una de las peores expresiones de la estulticia y arrogancia gubernamental. Execrable división del trabajo la que se pretende imponer a los desterrados cubanos y el “misterioso” mensajero nos propone seguir.
La mediocridad patética de estas sugerencias no puede ser revestida con baratas piruetas intelectuales. Es usted quien espera por Raúl “Godot” Castro para ver cómo se logra integrar a sus decisiones “por mínimas que sean”. Ese es su problema.
5) “Tarde o temprano, estos pasan, la nación perdura”.
Plenamente de acuerdo. Se acerca el día en que esa aseveración será confirmada, -para algunos de manera poco amable-, por los hechos.
Una CODA para los encargados de la propaganda desde cualquier latitud geográfica.
Veo que resienten este llamado a la unidad nacional. Gracias por hacerlo saber.
La nación con todos y para el bien de todos –que incluirá también a personas como ustedes- será una realidad más temprano que tarde. Gústele a quien le guste y pésele a quien le pese.
Sigan llamando a la sumisión, que yo no me cansaré de convocar a la unión.
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 14/08/2008 5:56
¿Desertarán en La Habana?
Juan Antonio Blanco | 05/08/2008 4:27
Un grupo de niños estadounidenses del equipo de baseball los Peregrinos de Vermont, perteneciente a las Pequeñas Ligas de Nueva Inglaterra, desea medir sus fuerzas contra dos equipos cubanos de su misma categoría: los Mangos y los Santos. El viaje a la isla es cubierto por fuentes privadas y tiene la autorización del Departamento del Tesoro en Washington. Los 14 jugadores -de 11 y 12 años de edad -viajarán con seis chaperones y pasarán nueve días en la isla. Allá se alojarán en el convento y escuela de las Hermanas Salesianas en las afueras de La Habana. ¿Sencillo, no? Pero nada es simple cuando tiene que ver con Cuba.
Según reporta El Nuevo Herald (Miami, Agosto 1, 2008)
En una declaración emitida ayer, (Lincoln) Díaz-Balart afirmó que este tipo de viajes contradice la política de Estados Unidos, que durante décadas ha tratado de aislar y debilitar al gobierno cubano.
"Los eventos deportivos pueden ser interpretados como gestos diplomáticos aunque esa no sea su intención'', dijo el congresista cubano- americano.
"Y un evento deportivo no es la forma adecuada de responder a la tortura de presos políticos como Yuselín Ferrera, Nelson Aguiar y muchos otros'', agregó Diaz-Balart.
Permítaseme formular, muy respetuosamente, algunas observaciones generales.
Esos niños no tienen ninguna misión diplomática, ni mensaje oficial de la Casa Blanca o el Congreso para Raúl Castro, pero sí trasmitirán uno importante a la población: "podemos ser amigos y jugar mucha pelota". Eso es saludable en un país donde hasta hace poco el que algunos se acercasen a un extranjero provocaba campañas contra el “diversionismo ideológico” amén de que la policía solicitase el carné de identidad al que tomase tal iniciativa. El aislamiento –que es algo más que el embargo- es difícilmente la mejor herramienta a emplear contra un gobierno que se esfuerza precisamente en aislar a la población de cualquier influencia foránea. En este caso persiguiendo el propósito de aislar al gobierno cubano se termina contribuyendo al aislamiento de la población de la isla. ¿Por qué colaborar con el régimen en este aspecto?
Tampoco creo que el viaje de ese equipo infantil de baseball le deje más dinero al gobierno de Cuba que los representantes de las empresas agropecuarias estadounidenses cuando viajan a la isla a cerrar contratos multimillonarios con autorización del Dpto. del Tesoro. Evitar que estos veinte ciudadanos (14 menores y 6 adultos) puedan gastarse unos pocos dólares en souvenirs –probablemente comprados a algún artesano cuentapropista- tampoco impedirá que las arcas del gobierno cubano reciban sumas mayores procedentes de Caracas. Los visitantes, además, se alojarán en albergues de la iglesia, donde presumiblemente les servirán algunas comidas también, y no en los muy caros hoteles estatales cinco estrellas donde se hospedan usualmente los CEO estadounidenses que viajan a Cuba. ¿Por qué presionar al Dpto. del Tesoro para que imponga a estos 20 estadounidenses de a pie todo el rigor de prohibiciones que no sufren ciertos magnates y sus represantantes comerciales?
¿Cuál victoria se busca en este caso? Si es así de dicotómica nuestra visión de las cosas, ¿quién gana o pierde si se impide a los Peregrinos de Vermont jugar en Cuba?
De triunfar la oposición del congresista de Estados Unidos a esta iniciativa la conclusión a la que llegarán muchos –en Estados Unidos y Cuba- es que sólo Washington se opone a los contactos pueblo a pueblo. El Granma y la Mesa Redonda se alimentarán por un tiempo de las entrevistas a esos frustrados niños que no entenderán cuál es la naturaleza de este otro juego donde los han metido.
Aunque durante su estancia en Cuba algunos funcionarios o incluso líderes nacionales los mimen, les regalen pañoletas pioneriles y aburran hasta el delirio con sus anquilosados discursos, tampoco parece probable que ninguno de los jugadores infantiles estadounidenses vaya a desertar en la isla como acaban de hacer varios peloteros cubanos en Canadá desatando la ira del Asesor en Jefe.
En lugar de oponerse a la natural aspiración infantil de poder jugar baseball contra un equipo extranjero quizás el congresista pudiera considerar reunirse con los Peregrinos de Vermont y desearles suerte. Esos niños podrían luego invitar a alguno de los equipos contrincantes a jugar el desquite en Nueva Inglaterra en el 2009 y llevarlos a conocer al Duque y otras estrellas beisboleras cubanas de las que tanto han oído hablar a sus padres. De ser ese el caso ya veremos cuántos “chaperones” les asigna el gobierno cubano si es que autoriza su salida para jugar en Estados Unidos.
El que un evento infantil de poca monta pueda dar inicio a semejante controversia indica la necesidad de buscar enfoques más creativos para abordar el tema de Cuba. Como he dicho en ocasiones anteriores, La Habana no posee un monopolio exclusivo sobre el inmovilismo mental.
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 19/08/2008 2:39




