Narrativa
«La literatura cubana reacciona con gran lentitud»
El escritor José Manuel Prieto explica la inercia de la literatura nacional, el valor del testimonio y la producción en inglés.
Debo matar el tiempo dando un paseo por el Parque Central, antes de acudir a la cita con el novelista José Manuel Prieto. Hacia el mediodía, arribo a un edificio clásico en la vecindad de la neoyorquina Quinta Avenida. El escritor me recibe en la saleta de un apartamento amplio, decorado sobriamente: afiches, plantas ornamentales, una alfombra bokhara, anaqueles de libros, un ventanal abierto al trasfondo de la urbe. José Manuel es más alto de lo que había calculado por las fotografías, y el timbre de su voz, más vago que en el teléfono.
JMP: Hay una gran inercia en la literatura cubana para tratar ciertos temas. Por eso la novela La nada cotidiana, de Zoé Valdés, me parece un libro importante, porque ficcionó inmediatamente algo que estaba ocurriendo. También Edmundo Desnoes tiene la gracia del escritor que logra una serie de comentarios paralelos a lo que está ocurriendo, con todos los errores y equivocaciones que eso pueda conllevar. Me interesa el comentario testimonial de la realidad, y es la razón por la que escogí un cierto tipo de libros para mi curso, "Novelística cubana de los 90", que imparto este otoño en la Universidad de Princeton. Una literatura escrita sobre la marcha —y no tanto una literatura trascendental—, que debe tener necesariamente muchos defectos, pero también muchas virtudes.
Escogí Cien botellas en una pared, de Ena Lucía Portela, por el uso del lenguaje híbrido, tan desfachatado. Tres maneras de tocar un elefante, de Reina María Rodríguez, por la prosa poética, es la novela de una poeta. Todos se van, de Wendy Guerra, la novela- diario, escrita directamente, que pretende captar lo que está pasando (ha tenido muy buena crítica, ha caminado con suerte). Hay otra sensibilidad que cristaliza en esos libros, literaturas que pretenden tomar el pulso a la realidad. El libro de Abilio Estévez, Tuyo es el reino, está un poco más lejos, el impacto es menos frontal.
Por supuesto, el mercado también surte efecto en un libro, porque lo acepta en tiempo real, o lo rechaza si perdió actualidad. Pero en Cuba hay más somnolencia, y es muy poco probable que un libro se escriba hoy y mañana salga publicado. La literatura cubana reacciona con gran lentitud.
Pero en Cuba no existe mercado y, por lo tanto, no hay división del trabajo —unos que se dediquen a la actualidad, otros a la trascendencia—. Aunque creo que ya comenzaba a lograrse algo de eso durante la República…
Hubo quien lo logró aún en la revolución. Un comentarista sincrónico (y, por eso, leído) es Manuel Cofiño, que tenía ese encanto. Cuando leí Tiempo de cambio, o La última mujer y el próximo combate, entendí por qué la gente podía reconocerse allí. Y, con todas sus limitaciones, me propongo hablar de ese tipo de literatura. Por supuesto, colocándola en un campo más amplio, para que exista en una escala mayor… que no se sobredimensione, pero que tampoco deje de dársele su lugar justo.
Y ahora mismo, ¿existen libros de actualidad?
Sería interesante ver qué libro es el que va a encarnar lo que está sucediendo hoy en Cuba. Si sucede un cambio, qué libro va a encarar esa nueva situación… No sé, quizá un libro de Wendy [Guerra]. Cuando el deshielo en la Unión Soviética, la novela Los hijos de Arbat, de Anatoli Ribakov, encarnó todos los temas de la Perestroika. Cuando se desplomó la revolución, La nada cotidiana capitalizó el efecto de desplome en el imaginario europeo.
¿Algún otro libro logró un efecto similar?
No hay otro descubrimiento como el de Zoé, es algo que nadie había hecho. Aunque es cierto que existe una tendencia global al descreimiento y un desplazamiento hacia la intimidad. En los cubanos, y en los de la misma generación en Latinoamérica, hay un descreimiento en la mística revolucionaria, en el asalto al cielo, y, al mismo tiempo, un resurgimiento de lo privado. Ya era visible en los libros de escritores grandes, como Julio Cortázar, una tendencia a la literatura oblicua, un acercamiento oblicuo a la realidad, que toma el contorno del espacio geográfico, y no pretende explicar la nación ni codificar episodios nacionales.
¿Tomas en cuenta la literatura testimonial del exilio? Pienso ahora en Contra viento y marea, del Grupo Areíto, premio Casa de las Américas 1978, o en la historia del asalto al cuartel Moncada, basada en las entrevistas que realizó el profesor Antonio de la Cova. Y, ¿qué opinión tienes de las autobiografías cubanas en inglés?
La negativa que da Cuba a esas literaturas no tiene en cuenta la tradición de otros países bilingües, cuyas literaturas nacionales se dan, por fuerza, en más de una lengua. Cuba, debido a la enorme diáspora, se ha convertido en un país bilingüe. Si en España la literatura vasca o la catalana son parte de esa nación; y lo mismo en Bélgica, en valón y en francés, o bien en Rusia, donde hay escritores completamente bilingües, no veo por qué en el caso cubano deba haber una distinción.
Ernesto Mestre, el autor de The Lazarus Rumba, se considera un escritor cubano. Ana Menéndez también, y muchos otros. Es una cantidad enorme de libros que el país no puede permitirse el lujo de echar por la borda, por el mero hecho de que estén escritos en otra lengua. Y a mí se me ocurre incluir en un próximo curso una serie de autores cubanos que escriben en inglés. La idea me vino mientras trabajaba en la traducción de Waiting for Snow in Havana, de Carlos Eire.
Tengo entendido que te tocó revisar la primera traducción de Waiting for Snow in Havana.
El libro estaba traducido en un habla coloquial, populachera cubana, y eso es un error. No conozco al primer traductor, pero creo que estaría de acuerdo conmigo. Yo lo retraduje completamente.
Waiting for Snow in Havana es un comentario, desde la adultez, y con todo el aparato conceptual de un profesor de Yale, sobre la infancia en Cuba, que está evocada con un lenguaje directo, y esas diferencias de registro lo hacen muy difícil de traducir. Hay que saber modular la escala. Carlos Eire logra una de las mejores imágenes de la infancia en Cuba, y yo nunca había leído un libro que tuviera tanto que ver con mi propia experiencia. Es un libro que está escrito en inglés, pero que consigue algo que no ha conseguido ningún libro de la llamada literatura cubana.
Y esto es algo sobre lo que quisiera llamar la atención: el espectro literario cubano se centra en un solo rango. Por ejemplo, no ha habido entre nosotros una literatura infantil, si exceptuamos a Daína Chaviano o a Antonio Orlando Rodríguez (quizás, después del éxito de Chiquita, con su nueva posición, Antonio Orlando logre reeditar sus libros infantiles). La escritura de la infancia en Latinoamérica es muy deficiente… y en general, es deficiente en español. Comparada con la literatura infantil victoriana, que llega hasta Harry Potter, no tenemos literatura de descubrimiento de la infancia, y yo creo que Martí, cuando estuvo aquí, se dio cuenta de eso, y La edad de oro fue un intento de construirla, en la misma época victoriana.
En Latinoamérica los niños no son niños; no tienen la infancia prolongada que tienen aquí, ni la adolescencia extendida. En Latinoamérica desde los nueve años ya están trabajando. Entonces, lees a un escritor como Carlos Eire y encuentras una manera de entender la infancia que pasa por el prisma anglosajón. Se trata de la misma conversión que efectuó Martí, que encuentra una visión del mundo infantil inexistente entre nosotros, una maravillosa presencia sensorial, el mundo según lo ve un niño.
Por eso, al traducir a Eire, tuve conciencia de que se trataba de la reentrada de la infancia en la literatura cubana, y de la reentrada de la lengua de la literatura infantil, a través de mi traducción. A propósito: lo que perdió Miami mediáticamente cuando la bronca de Elián, se vuelve a ganar leyendo un libro como este.
Entonces, ¿adjudicas un valor extraliterario al testimonio?
Al testimonio migra el descontento que no tiene otra forma de ser exteriorizado. No hay periódicos, no hay consenso, no hay radio, y lo único que podía hacer una persona fuera de Cuba era decir aquello que de otra manera, en una situación normal, se hubiese vehiculado. En librerías de México he adquirido varios libros de testimonios de cubanos, libros de confesiones, y me asombra la cantidad de obras de este tipo que fueron publicadas. La necesidad de poner por escrito lo que había pasado es como un desquite.
Cuando la gente sabe que tú eres escritor, te cuenta anécdotas, peripecias de emigrantes. La gente se despacha. Y hay quienes no pueden escribirlo, y te dicen: "Tú, que eres escritor…", y esa es una necesidad natural de la gente. Tiene que ver con la memoria histórica, que es un contrapeso a la historia oficial. El vozarrón en la tribuna contra la vocecita del que trata de inscribir su propia historia. El testimonio tiene la virtud de involucrarnos.
¿En qué lengua escribes?
Hay una concepción equivocada, que clasifica al autor por la lengua en que está escrito su libro. Si lees un libro mío no te das cuenta de dónde es el autor, porque está escrito en un idioma neutro, un español sin regionalismos. Es una elección, no está mal ni bien. Cabrera Infante eligió escribir en cubano, que es una construcción; Carpentier, no. En el caso de Roberto Bolaños, no sé si pueda detectarse en él una modulación chilena. Está el caso de Nabokov, que es un escritor internacional, y un escritor ruso; también el caso de Samuel Beckett. Los escritores de mi generación tienen referentes literarios más diversos —y dispersos— que los de generaciones anteriores.
¿Cuál ha sido tu experiencia cubana en los colleges americanos?
Cuando di un curso en el Sarah Lawrence College, tenían un programa de estudiantes que viajan a Cuba, y en mi primer semestre había algunos muchachos que regresaban de Cuba y que querían apuntarse en mi curso. Son niños con preocupaciones sociales, más bien de solidaridad, de voluntariado, y el caso de Cuba se situaba, para ellos, en el mismo espectro.
No tiene caso entrar a ilustrarlos en cuanto al punto de vista que uno maneja. Lo que uno puede hacer, como académico que enseña la literatura y la cultura cubanas, es matizar sin sermonear, sin intentar darles una educación política "express". En Cornell enfrenté situaciones en las que los alumnos venían a mí con ideas preconcebidas, pero yo evito entrar en ese tipo de disquisiciones, porque he entendido que el caso de la experiencia totalitaria es una situación vivencial.
En tus libros, la narrativa nacional queda relegada al trasfondo…
En mi caso particular hay una explicación biográfica, pues me fui muy joven de Cuba. Recién llegado de Rusia, trabajé dos años como ingeniero de computación, de 1986 a 1987, y al poco tiempo regresé a Rusia. Lo que no quita que en algún momento yo quiera enfocarme en el tema cubano. Pero lo que me resulta extraño es que las personas que se van de Cuba sigan rumiando el pasado. Nabokov, en cambio, se fue apropiando de los entornos donde se encontraba: escribió libros sobre su estancia en Alemania, sobre su estancia en Francia, y después sobre su estancia en Estados Unidos. Mucha gente continúa escribiendo hacia atrás. Un escritor como Cabrera Infante vivió cuarenta años en Londres, y Londres no aparece en sus libros por ninguna parte.
¿A qué crees que se deba eso?
Depende del grado de inmersión que logras tener, que no sientas como ajenas las nuevas culturas en las que te mueves… es una especie de entrenamiento que se logra en la juventud. Yo llegué a identificarme con Rusia, con el universo mental ruso. Lo mismo me pasó en México, y son como cámaras diferentes. En México me siento totalmente en casa.
¿Te planteas, conscientemente, abarcar una zona literaria o geográfica en específico?
Para mapear correctamente la literatura de tu país necesitas un conocimiento a fondo de la literatura de otro país. Pero no sólo leer los libros, como la literatura española, o la argentina, sino los escritores mayores y los escritores menores, y toda la gama de la literatura que se escribe dentro de un universo nacional. Te ayuda a entender qué lugar ocupa un escritor dentro de tu propio universo. Te obliga a valorar, a calcular tus propias estrategias. Uno puede ver, esquemáticamente hablando, zonas que no están cubiertas: la literatura de la guerra, por ejemplo, enormes zonas que no están noveladas. Son traumas del conocimiento. En México también hay zonas sin cubrir, aunque se cubre mejor. En Estados Unidos no hay zona imaginable de la realidad que no esté cubierta por la literatura.
¿Cómo era la Cuba de tu infancia?
Nací en el 1962. De niño solía preguntarles a mi mamá y a mi papá, "¿cómo ustedes podían vivir antes de la revolución?", pues me imaginaba esa época como un infierno. La revolución cubana significó desnatar el país. Los que estaban debajo, subieron; fue una promoción generacional súbita. Para los jóvenes, como mi padre, significó una oportunidad única. Quitaron la punta de la pirámide, y la gente comenzó a trepar.
Mi padre es médico, creo que se graduó en el 59, o en el 60. Debió haberse graduado antes, pero Batista había cerrado la universidad. Enseguida nos fuimos a vivir a una casona, de la que heredamos hasta al jardinero. Ese jardinero nos contó que los antiguos dueños le decían: "Oiga, cuídenos el jardín, que nosotros regresamos pronto". Estaba en el reparto Aldabó, yo nací en esa casa. Después fuimos a vivir a Camagüey, adonde mandaron a mi papá como director de un hospital militar. Allí tuvimos una casa aún más grande.
En Camagüey había un almacén donde concentraban todos los muebles de los que se habían ido. Mi papá fue con un soldado y un manojo de llaves a escoger la casa donde viviríamos, y a dedo seleccionaron los muebles: jarrones, porcelanas, cristales… Mis padres, mulatos y revolucionarios de La Habana, vivían en un barrio donde quedaban algunos millonarios. Era un mundo muy particular el de los años sesenta. En esencia, el mundo se volvió a reorganizar en torno a la nueva clase. Íbamos al Country Club, donde había caballos y una piscina. Los niños eran todos de buenas familias, y recuerdo dos niñitas burguesas que llegaban acompañadas de sus criadas a la escuela de música donde me mandaron a estudiar.
¿Qué estás escribiendo en estos momentos?
Una novela, Voz humana, que tiene lugar en Nueva Orleáns, en 1870. Es la historia de un tipo que queda prendado de la voz de una mujer, y que consigue grabar la voz antes de que se invente la grabación. Debes saber que el mismo año que Thomas Alba Edison realizó sus grabaciones, un francés, Eduard Leon-Scott, presentó la patente, y existe una grabación realizada por Scott veinte años antes que Edison.
Me pareció que tu última novela, Rex, podía llamarse también "voz humana". Que se trataba de las peripecias de la voz de un narrador…
En Rex hay una dejación (a sabiendas) de la corrección. En estos momentos estoy escribiendo un comentario largo a ese libro, porque creo que no se entendió. Es un cierre en consonancia con la idea de Rex, que es, en sí mismo, un comentario. La voz de Livadia es íntima, la narración ocurre a través de cartas, pero la de Rex es más entrecortada. Mis tres novelas hablan sobre el poscomunismo, sobre algo que no ha llegado a Cuba. Cuando se desploma un sistema, los sobrevivientes deben adaptarse al entorno rápidamente.
En las dos novelas anteriores, la búsqueda se da a través del dinero, la persona trata de ganar dinero. En la primera parte de Rex se repite eso, hay un intento fallido; entonces, la segunda parte imagina una salida simbólica. De ahí la idea del rey como reacción violenta al igualitarismo. No es que se pretenda llevar a cabo una idea tan descabellada, sino que hace falta un núcleo en torno al cual reorganizarse. Quien se convierte en timador, y vive al margen de la ley, contrabandea para quemar etapas, para ganar la partida, y triunfar sobre la pobreza y la bancarrota en la que amaneces cuando, por así decirlo, sales de la cárcel del totalitarismo.
Pero se trata de una vía trunca, y mis personajes saben que no hay donde más esconderse, no hay más dinero que timar. Hay que realzarse: es el momento en que el protagonista de Rex tiene la oportunidad de escapar y no lo hace, y por eso lo matan. Sabe que se ha refundado, y esa refundación pasa por el perdón, por el reconocimiento de la culpa, por el arrepentimiento. Este es un tema crucial, que no se ha tratado aún en Cuba.
Lo importante es que se reconozca la culpa, y que el país —las personas que infligieron el daño— lo reconozca, para no permanecer irredentos. El rey de Rex no es una idea política, sino la denuncia del igualitarismo. Es lo mismo que acaba de decir Raúl Castro: "no todos somos iguales". Desde este punto de vista, y aunque no lo parezca, Rex es una novela política, que tendrá una lectura política en Cuba, cuando llegue su hora.
© cubaencuentro

23 Comentarios
23 por Joel Franz Rosell (Usuario no autenticado) 06/11/2008 17:00
Una más para Había una :
La literatura cubana para niños y adolescentes (que por cierto se ha escrito tanto en Cuba como en Colombia, Costa Rica, Chile, Ecuador, España, Estados Unidos, Francia, México, Venezuela, etc) no la conforman “algunos libros”, sino centenares de ellos. La calidad es bien diversa, como en cualquier otro tipo de literatura o en cualquier otro país. Y de que es leída, la prueba está en los ejemplares vendidos, presentes en bibliotecas de todo el mundo (gracias al Instituto Cervantes, por ejemplo), comentados por críticos. A diferencia de los escritores para adultos, que no tienen demasiadas ocasiones de encontrarse con su público (fuera de alguna feria del libro o tertulia), la mayoría de los escritores e ilustradores de libros infantiles –por lo menos en los países occidentales y en muchos de América Latina- solemos visitar los colegios y conversar con decenas, cientos, miles de niños que con sus preguntas demuestran haber leído nuestros libros. La “verdadera calidad” de los autores cubanos para niños es tan cuestionable como la de quienes escriben para adultos; ya se sabe que en materia de literatura no hay parámetros objetivos, exactos y universales. Pero hay una crítica del libro infantil de la misma manera que hay una crítica del libro para adultos, y hay revistas y catedráticos universitarios especializados en la literatura infantil. Puedo garantizarle al señor Había una vez que algunos de los libros que mencioné en mi mensaje precedente son realmente importantes y algunos dejaron incluso su huella en la literatura cubana para adultos. Sin embargo, no le pido que me crea, le ruego que lo compruebe. Si no los encuentra en las librerías que frecuenta, don Había una vez puede conseguirlos a través de Amazon.com u otra librería electrónica.
Por otra parte, es obvio que la cantidad de títulos y las tiradas de los libros infantiles de autores cubanos no se pueden comparar con la producción de los países anglosajones, Alemania, etc. Pero siguiendo la lógica de don Había una vez, tampoco la literatura cubana para adultos existe, ni la literatura de cualquier país que no tenga 50, 80 ó 300 millones de habitantes, como el Reino Unido, Alemania o Estados Unidos. No habría literatura sueca, ni holandesa, ni suiza, ni griega… No obstante, no por proceder de una pequeña isla del Caribe, los autores cubanos para chicos tenemos tan pocos lectores como algunos imaginan. No dispongo más que de los datos que me remiten mis editores a la hora de pagarme mis derechos de autor, pero puedo modestamente declarar que el autor de "Aventuras de Rosa de los Vientos y Juan Perico de los Palotes", ha puesto en circulación más de cuatrocientos mil ejemplares de sus dieciocho libros, y como muchos de esos ejemplares fueron a parar a escuelas y bibliotecas, como algunos pasaron por librerías de segunda mano y hasta no pocos, ¡ay! fueron fotocopiados, he de concluir que mis lectores no pueden estar por debajo del medio millón… en siete lenguas.
Si don Había una vez lee este mensaje tan mal como mi mensaje precedente, me acusará de estar alardeando de cifras de ejemplares que en realidad no he publicado. De la misma manera que no percibió que yo reconocí que son muchos más los millones de niños latinoamericanos en la miseria que los que pertenecen a sectores suficientemente acomodados como para poder leer libros –comprados o en préstamo bibliotecario o escolar. A mí no me ha dolido que José Manuel Prieto hable de lo que no conoce, más bien me entristece y escandaliza. Por otra parte, el hecho de que Prieto fuese uno de nuestros mejores escritores (no he tenido aún la ocasión de comprobarlo leyendo alguno de sus libros) no lo capacita para ser competente en literatura infantil. Si Alejo Carpentier o Cabrera Infante, que son –sin contestación alguna- dos de nuestros mejores escritores, hubiesen afirmado que la literatura infantil cubana no existe, habrían estado tan errados como el autor de Rex, y yo les hubiera hecho la rectificación con la misma presteza.
Insisto, no me crean a mí: pongan en un motor de búsqueda de la web los nombres de los autores y libros que he mencionado, o échenle una ojeada a la revista electrónica Cuatrogatos.org, creada y sostenida precisamente por uno de los dos autores cubanos para niños que José Manuel Prieto sí conoce: Antonio Orlando Rodríguez, y verá cuántos y buenos autores y libros, cubanos y latinoamericanos existen.
Joel Franz Rosell
22 por Julian Antonio González Mora (Usuario no autenticado) 06/11/2008 15:00
Es cierto que en América Latina hay clases medias, es cierto que en los lugares donde ha vivido el autor de Juan perico etc etc, hay miles y si tomamos a varios países en conjunto, millones de nenes en edad escolar que consumen literatura infantil.
Pienso que es cierto porque lo veo, vivo en Argentina, como el mencionado autor he visitado otros lugares cercanos y no tanto en América del Sur. También es rigurosamente cierto que esos niños no marcan la tendencia, ni son los que vienen a la mente cuando se habla de infancia en Latinoamerica.
Pero como no presento los datos es posible que se me acuse de no saber de que hablo, entonces me curo en salud y le pido disculpas, por que lo que refiero sin ningún vuelo teórico es que los libros infantiles languidecen aquí y allá, cerrados pobrecitos en las casa de los chicos de clase media y alta, donde la lectura es mas bien excepcional.
Lo que digo es lo que he visto al coincidir con una legión de pequeños fanáticos de Harry Potter que por ser de clase media y alta, pueden pagar por el mago, que quizás lo es porque puede lograr que abran un libro.
He visto y he llevado libros a un chico de clase muy baja, de esos cuya infancia termina muy pronto y que siendo una rareza quería leer algo sobre Colón sin que se lo pidiera la maestra, porque ese chico está escolarizado. Aunque hay muchos que no lo están.
Y es un dato que podría aportarle al autor de Juan Perico y el resto del titulo, porque influye en el mercado y por supuesto en el diseño de estrategias de venta y en el moldeado de lectores y me atrevo si usted no se molesta o el otro imaginativo de la fuente se rompió, pues me atrevo a pedirle los datos de la bonanza editorial en libros infantiles y de los otros aquí en América latina, continente feraz de clase media y consumo intelectual en alza.
No sé si se discute la anemia de la literatura infantil o la anemia de la calidad de la literatura infantil y como no sé tampoco eso no quiero ofender a los que se ofenden por el tono grandilocuente de Prieto que por supuesto que no sabe nada de literatura, algo que quienes le conocen y reciben sus clases aquí y allá en lugares remotos como la Universidad de Cornell o la UNAM están por completo de acuerdo en aceptar.
Pero, señor autor de los palotes o señor que se molesta porque alguien, que escribió tres libritos, les dice que hay carencias, no hagan lo mismo que condenan porque sus palabras, a pesar de ser avaladas por sus premios y sus traducciones que respeto y a las que no me atrevería a desvalorizar, como hacen ustedes; tambien son pontificales ¿o quizás pontificias? y por tanto infalibles. Es ridícula tanta celeridad en la descalificación, pero es real.
Los autores cubanos que menciona, no fueron del agrado de ninguno de los niños cubanos que conocí, porque también viví en Cuba y les digo que a los que Guille y sus aventuras nos atrajo con tanta fuerza como lo hizo Nils Holgerson volando para redimirse de tanto maltratar a los animales y los que leímos para nosotros y para nuestros hijos a Nené y el señor Don Pomposo o a Pippa a Conrad o a tantos otros, no nos gustó esa literatura que por llamarle de alguna manera le llamo descafeinada.
Esa mezcla de edulcorada zoncera de sus libros para niños no puede tomarse en cuenta porque destila esta malhadada y sin espejos, simple y rotunda mala uva de quienes desvalorizan a un escritor que no solo leen los amigos sino también ustedes.
Ah.. y no se molesten por explicarlo bien, está claro que su fuerte no es redactar cartas. La próxima vez escriban un cuento infantil. Les sugiero un titulo. "El cuento de los liliputienses que se convirtieron en yahoos”
Saludos cordiales
21 por Juan C. Meranes (Usuario no autenticado) 06/11/2008 12:40
A Ramil
Leo la entrevista a Prieto y me asombra que escribieras en tu comentario "soy de una familia de ladrones" paráfrasis adversa de quien es capaz de injuriar quizas porque la crítica se le escapa.
Yo soy hijo de una mujer que al igual que Prieto le dieron una vivienda que había pertenecido a otro que ya no estaba.
No creo que alguien en su sano juicio y en ese momento hubiera pensado que estaba robando.
Por eso y porque no me hago cargo de lo que dices, te conesto otra vez.
No creo que Prieto sea un mal escritor, todo lo contrario, pero si vas a criticar, que sea algo que tenga que ver con el tema del que se habla en la nota. La historia mía y de tantos otros no debe ser objeto de esas acusaciones baratas.
Si te da la cabecita, lánzate a criticar.
Para eso es este espacio. No para ofender.
Espero Kamil que entiendas.
20 por Juan C. Meranes (Usuario no autenticado) 06/11/2008 12:40
Kamil Rafen Kumul
Querido Kamil, admiro la belleza otomana de tu nombre y me congratulo de encontrarte con todo tu vigor entomológico subiendo y bajando por el contorno dorado de un plátano que se llena de manchas y de pequeñísimas guasasas.
Es una lástima que se permita un comentario del tono ofensivo que se hace cuando hablas de que "soy de una familia de ladrones".
Pero es inutil decirte algo. Es algo muy bajo y mezquino. Es simplemente una pérdida de tiempo.
Ni ladrar como los perros que le daban la señal de que cabalgaba al loco de Quijano.
Ni ladrar porque la palabra se te dió no para ser maleducado, ni para sacar de la correccion a este lugar.
Solo es acezar y gemir que son palabras suaves al uso y que si ofenden a los perros me hago cargo.
Nada mas para ti, es demasiado para tan poco. Espero que no te dejen el moderador publicar comentarios tan inmoderados, o a mí si me excedo, excepto (por favor este).
19 por Santiago Martin (Usuario no autenticado) 04/11/2008 14:40
Estoy de acuerdo con Joel. Yo trato de escribir sobre lo que se de primera mano. Vivi 6 años en Mexico y recorri casi todo el pais. La pobreza no es generalizada y el sistema de salud y el de educacion cubre toda la nacion, y hay blibliotecas publicas practicamente en cada municipio.Los libros no son tan caros tampoco.
A ciertos intelectuales cubanos y latinos en general les encanta hablar de un panorama apocaliptico de pobreza en A.L. Yo conozco la Venezuela de antes de Chavez, y el Mexico de 1994 al 2000,y por favor, no habia esa miseria que pintan.
Ya quisiera Cuba para un dia de fiesta estar como Mexico.
En Mexico el que quiere estudiar y leer lo puede hacer con toda facilidad.
En fin, que cada quien cree en lo que quiere.
Página 1 de 5