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El Reducto que los ingleses se negaron a canjear por la Florida

Autor: Armando Añel

Armando Añel

Escritor, periodista y editor. Reside en Miami, Florida.
letrademolde@gmail.com

 

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Los comunistas remontan vuelo

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Me llega al correo un interesante reportaje, especulativo diría, de AFP. Versa sobre un hipotético renacimiento del Partido Comunista de los Estados Unidos (CPUSA), con sede en Nueva York.

Corren nuevos tiempos –hay quienes se toman muy en serio eso del cambio-, la crisis financiera impulsa a algunos a incursionar en tendencias y rumores apocalípticos y, por añadidura, mucha gente conflictiva echa su imaginación a volar. Así, a río revuelto, los pescadores del CPUSA esperan obtener considerables ganancias.

Desde 1984, el CPUSA no participa en las campañas electorales por la Casa Blanca (de tanto quererla roja ya no la quieren ni blanca). Aunque hay candidatos comunistas participando en procesos electorales locales, a partir de dicho año el CPUSA comenzó a apoyar al Partido Demócrata en la carrera por la presidencia. El partido fue financiado por la antigua Unión Soviética hasta fecha tan reciente como 1989. Desde entonces, había entrado en una etapa de perfil bajo (de perfil todavía más bajo que el de su desempeño histórico, que ya lo era suficientemente).

¿Quién no se acuerda de Angela Davis?

Video cortesía de http://joaquinestradamontalvan.blogspot.com/

Textual: Revive el Partido Comunista de Estados Unidos

AFP/ La sede del Partido Comunista norteamericano, en el barrio Chelsea de Nueva York, vive una segunda juventud gracias a la crisis financiera y, según sus miembros, reivindica las viejas tesis marxistas-leninistas.

En el 235 W de la calle 23, frente al hotel Chelsea, símbolo de la bohemia de los años 60 y 70 adicta al alcohol y las drogas, el edificio pertenece a una empresa inmobiliaria cuya gerencia es comunista.

"Tenemos cada vez más llamadas de gente que quiere informarse y que se interesa por nosotros a causa de la crisis financiera, porque estamos en un momento de cambios y creo que habrá un papel para el Partido Comunista en el período que se inicia", aseguró a la AFP Libero Della Piana, de 36 años, un imponente mestizo de barbita y coleta, hijo de un italiano y de una negra norteamericana, presidente del partido para el estado de Nueva York.

Fundado en 1919, el partido comunista norteamericano estaba considerado como un grupo que hacía propaganda para una "potencia extranjera" (la Unión Soviética) durante la Guerra Fría, y sus miembros perdían a menudo su empleo durante el período del maccarthismo en los años 50.

El CPUSA, dirigido a escala nacional por Sam Webb, cuenta hoy en día "entre 3.000 y 3.500 adherentes", pero Libero Della Piana y Erica Smiley, de 28 años, coordinadora de la "Liga de los jóvenes comunistas" instalada en el mismo edificio, afirman que el "caos actual" engrosará las filas de simpatizantes.

Lejos de querer jugar en solitario, los comunistas norteamericanos quieren "construir la base más amplia posible, con los movimientos de mujeres, estudiantes, sindicatos, para derrotar a la derecha" y "creen que el momento ha llegado".

"Las preocupaciones de los jóvenes son: la guerra, el empleo y la cobertura médica, y nuestras respuestas son las buenas", dijo Erica Smiley.

"La crisis nos mostró que el mercado no puede regularse a sí mismo y que al dejar hacer lo que se logró es enloquecer a esta máquina de dar créditos basados en una fantasía", comenta Della Piana.

"Vamos a estar menos a la defensiva, por primera vez desde los años 80, y tendremos nuestra opinión para expresar en la reconstrucción de Estados Unidos sobre nuevas bases, y ya no para satisfacer la avidez de unos pocos", agrega.

En los 500 metros cuadrados de oficinas recientemente renovados, donde las obras completas de Lenin y Marx conviven con obras sobre el racismo o la causa feminista, hay reunión, pero muchos militantes están ausentes.

"Están en campaña para incitar a la gente a votar", explica Bill Davis, un jubilado de 65 años inscripto en el partido desde hace 37 años.

Aunque no haya aportado oficialmente su respaldo al candidato demócrata a la Casa Blanca, el partido lo respalda abiertamente y la mayoría de los militantes presentes en la sede llevan insignias de Barack Obama.

El semanario "El mundo del pueblo" critica en sus columnas el campo republicano. A la entrada, una caja que representa el rostro de John McCain distribuye pañuelos de papel a través de la boca del candidato.

"Vamos a reunirnos con nuestros camaradas de América Latina y del resto del mundo a fines de noviembre en Sao Paulo, y les explicaremos la situación en Estados Unidos tras la elección presidencial, aunque el Komintern (Internacional comunista) no existe más y que cada partido tiene sus especificidades", concluye Libero Della Piana.

Cortesía http://www.netforcuba.org/


Visiones imperiales: La crisis y el otro culpable

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Ventilar el origen de la crisis financiera, o crisis de las hipotecas, ha constituido, en las últimas semanas, una suerte de leitmotiv para buena parte de los medios de prensa en todo el mundo. La mayoría de los análisis dan por hecho que la actual situación es consecuencia de la desregularización del mercado, e inmediatamente cargan contra “la mano invisible” promovida por neoliberales y/o neocons (esto se bate y da por resultado un coctel antimercado de los más “nutritivo”).

Pero no todos los medios están de acuerdo, ni todos los analistas. Por suerte, en Estados Unidos las nuevas tecnologías ponen la información –incluso la deficitaria- al alcance de la mano. De manera que podemos discrepar y explorar explicaciones alternativas, conclusiones alternativas, teorías alternativas. Una de ellas, por cierto, señala al Estado como primer responsable de la debacle de las hipotecas. Como asegura Carlos Alberto Montaner, otro de los factores que desataron la actual crisis fue “la irresponsabilidad del gobierno, que no reguló debidamente estas transacciones, mientras, contradictoriamente, endurecía las regulaciones de contabilidad y evaluación de los activos (Mark to market), provocando la quiebra técnica de las empresas financieras”.

A continuación, Cuba Inglesa pone a consideración de los lectores tres miradas sobre el origen de la crisis, todas las cuales sientan a los funcionarios públicos –específicamente a los demócratas- en el banquillo de los acusados. Se trata de fragmentos de artículos ya publicados, que abreviamos por razones editoriales. En cualquier caso, parece que el mercado no tiene toda la culpa.

Lecciones del salvataje

un texto de Walter Williams

Con la Ley de Reinversión Comunitaria de 1977, endurecida durante la administración Clinton, el Congreso comenzó a intimidar a los bancos y demás instituciones financieras para que extendieran préstamos a los denominados deudores de riesgo. La zanahoria ofrecida era que estos préstamos de alto riesgo serían adquiridos por las empresas de titularidad pública Fannie Mae y Freddie Mac. Cualquiera con un poco de cerebro debía haber sabido que esto era una receta para el desastre, pero los congresistas se negaron a ver la realidad.

Hace cinco años, el congresista demócrata Barney Frank garantizaba la "solidez" de Fannie Mae y Freddie Mac, diciendo: "No veo ninguna posibilidad de pérdidas financieras sustanciales para las arcas públicas". En las sesiones del Congreso de 2004, donde la administración Bush solicitó mayor supervisión pare Freddie Mac y Fannie Mae, la congresista demócrata Maxine Waters decía que "ni Freddie Mac ni Fannie Mae están en crisis", añadiendo que "las agencias hipotecarias de finalidad pública han superado con creces sus objetivos inmobiliarios". El congresista demócrata Gregory Meeks señalaba que "no hay ningún problema en Fannie Mae y Freddie Mac". En estas audiencias Barney Frank añadía no ver "nada en las cuentas que plantee problemas de solidez o seguridad".

A principios de este año, el senador demócrata Christopher Dodd elogiaba a Fannie Mae y Freddie Mac por "lanzarse al rescate" para ayudar a la gente a obtener créditos hipotecarios, añadiendo que "tienen que hacer más" para ayudar a prestatarios de alto riesgo a obtener mejores préstamos.

La política de sacar de apuros

un texto de Thomas Sowell

Hace cinco años (el congresista demócrata) Barney Frank dio seguridades de la solidez de Fannie Mae y Freddie Mac, y dijo: "no veo posibilidad alguna de serias pérdidas financieras para la Tesorería". Aún más, dijo que el gobierno federal "probablemente ha hecho más poco que mucho para estimularlos a cumplir la meta de vivienda asequible".

Anteriormente, ese año, el senador Christopher Dodd alabó a Fannie Mae y Freddie Mac por "acudir al rescate" cuando otras instituciones financieras estaban reduciendo los préstamos para hipotecas. Dijo también que "necesitaban hacer más" para ayudar a conseguir mejores préstamos a los prestatarios que los obtenían por debajo del interés preferencial.

En otras palabras, el representante Frank y el senador Dodd querían que, a nombre de evitar la "discriminación", el gobierno empujara a las instituciones financieras a prestar dinero a gente que presentaba un grave riesgo de incumplimiento y que, en condiciones normales, no hubieran recibido esos préstamos.

La idea de que los políticos pueden evaluar riesgos mejor que los que han dedicado todas sus carreras a hacerlo, debió haber sido tan obviamente absurda que nadie debió tomarla en serio. Pero las palabras mágicas "vivienda asequible" y la mala palabra "discriminación" condujeron a los políticos a determinar hacia dónde debían ir los préstamos, con iniciativas tales como el Comuuity Reinvestment Act y otras varias coacciones y amenazas.

¿Quién causó el desastre?

un texto de Jeff Jacoby

Mientras la crisis hipotecaria que sacude Wall Street tiene su porcentaje de culpables en el sector privado (muchos de los cuales han venido descubriendo últimamente lo penosa que puede ser la disciplina del sector privado), ellos no fueron los que "nos metieron en este desastre". Eslóganes absurdos del congresista Barney Frank al margen, los agentes de crédito hipotecario no se despertaron un día por las buenas decidiendo abandonar los estándares tradicionales de crédito para realizar préstamos desaconsejables a deudores que no cumplían con los requisitos. Se aproximaría más a la verdad decir que despertaron para descubrir que el Gobierno les obligaba y que les exigía hacerlo.

La raíz de esta crisis se remonta a la administración Carter. Fue entonces cuando los funcionarios públicos, empujados por los activistas de extrema izquierda, empezaron a acusar a los agentes de préstamo hipotecario de racismo y de negarse a prestar dinero en barrios deprimidos porque a los negros se les estaban negando hipotecas con una frecuencia mayor que a los blancos de las zonas suburbanas.

La presión para prestar a las minorías (esto es, a deudores con historiales de crédito deficientes) se volvió insufrible. En 1977 el Congreso aprobaba la Ley de Reinversión Comunitaria, que dotaba de poder a los agentes reguladores para castigar a los bancos que "no cumplan las necesidades crediticias" de "vecindarios de renta baja, minoritarios o deprimidos." En 1995, bajo el Presidente Clinton, la ley se hizo aún más severa. Los agentes de crédito respondieron relajando sus estándares de garantía y realizando créditos cada vez menos respaldados. Las dos agencias hipotecarias públicas, Fannie Mae y Freddie Mac, estimularon estos préstamos arriesgados autorizando criterios aún más "flexibles" en virtud de los cuales se podían prestar hipotecas a los deudores más insolventes.

Todo esto se justificaba como medio de elevar el acceso a la propiedad de las casas entre las minorías y los pobres. Las políticas de discriminación positiva se impusieron frente a las prácticas empresariales prudentes. Un manual difundido por el Banco de la Reserva Federal de Boston aconsejaba a los prestamistas pasar por alto el sentido común financiero. "La ausencia de historial crediticio no debe ser visto como un factor negativo", instruían las directrices de la Reserva. Los solicitantes carentes de los ahorros suficientes para pagar la entrada y los costes deben poder depender en su lugar de "donaciones, préstamos o ayudas procedentes de parientes, organizaciones sin ánimo de lucro o agencias municipales". A los agentes de crédito se les indujo hasta a aceptar pagos de la seguridad social y prestaciones por desempleo como "fuentes de ingreso válidas" para cumplir los criterios de una hipoteca. No obedecer podía significar una demanda.

Mientras los precios de vivienda seguían subiendo –y con millones de prestatarios no cualificados sumándose a la demanda– el espejismo de que todo esto era una buena política pública se pudo defender. Pero no se necesitaba ser un genio financiero para reconocer que llegaría el día de lamentarse. "¿Qué significa que los bancos de Boston empiecen a realizar más préstamos a minorías?" preguntaba yo en esta columna en 1995. "Lo más probable es que con conocimiento de causa estén aprobando préstamos de riesgo para quitarse de encima a los federales y los activistas. . . Cuando la oleada de ejecuciones hipotecarias se extienda por el todo el país, ¿cuál de los banqueros, los políticos y los reguladores que hoy que se felicitan planea asumir la culpa?".

Barney Frank no. Y eso que su huella está presente por todo este fiasco. Una y otra vez Frank insistía en que Fannie Mae y Freddie Mac eran empresas sólidas. Hace cinco años, por ejemplo, cuando la administración Bush proponía una regulación mucho más estricta de las dos hipotecarias, Frank se mostraba inflexible en que "estas dos entidades, Fannie Mae y Freddie Mac, no se enfrentan a ninguna crisis financiera". Cuando la Casa Blanca advertía de "riesgo sistemático para nuestro sistema financiero" a menos que los gigantes hipotecarios fueran controlados, Frank denunciaba que la administración estaba más preocupada por la seguridad financiera que por la vivienda.

Ahora que la burbuja ha explotado y el "riesgo sistemático" es evidente para todo el mundo, Frank afirma veladamente: "El sector privado nos metió en este desastre". Bien, demos puntos al congresista por jeta. Wall Street y los agentes privados de crédito tienen mucho por lo que responder, pero fue Washington y la clase política los que descarrilaron este tren. Si Frank busca un culpable a quien echarle la culpa, podrá encontrar un sospechoso muy probable en el espejo más cercano.


Operación Retorno

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El fotógrafo Delio Regueral nos hace llegar una tentadora iniciativa, que ya recorre, en forma de rumor, las calles de Miami, así como varios blogs centrados en la temática cubana. Reproducimos el texto íntegro, que hemos subtitulado Operación Retorno:

“El Movimiento Retorno a Cuba (MRC) simplemente promueve el uso del derecho internacional de cualquier ciudadano del mundo a viajar libremente a su país de origen. Lo hace de un modo impositivo porque no pretende pedir permiso, y pacífico, porque su objetivo es recuperar el país, no terminar de perderlo.

“El llamado es a todos los cubanos del mundo para que el próximo 1ro de enero llegue a Cuba una oleada de exiliados que regresen para quedarse, y que pongan en práctica la famosa campaña de no cooperación, integrándose en la sociedad con todas sus consecuencias, buscando vivienda, trabajo y empezando de cero. El MRC propone como método de regreso el que con motivos turísticos o humanitarios o religiosos se ha venido usando por cincuenta años: viajes directos, por terceros países y por vía marítima. Es decir, se trata de los mismos mecanismos que hemos usado tanto para viajar a la isla como para salir de ella, con la ventaja de poder cambiar la balsa por el bote.

“Se calcula que un cinco por ciento de los exiliados (más de 50.000) volvería simultáneamente a la isla o llegaría días antes, como turistas navideños, el próximo 1ro enero. La oleada masiva, otros 500.000, se espera después de la caída de el régimen, en no más de quince días. Estos cálculos no son sacados de la nada, sino que forman parte de un estudio minucioso de la realidad económica, política y social por la que atraviesa lo que queda de Cuba. Ya están dadas las condiciones ideales para que un hecho como el que proponemos desemboque en una verdadera desobediencia popular a todos los niveles, desde las calles hasta los ministerios y el ejército.

“De más está decir que no descartamos actos violentos por parte de los órganos represivos, pero si una oleada de barcos frente a las costas de La Habana, sin dispersarse a lo largo de la isla, cubierta por los medios de comunicación del mundo entero, coincide ese día, sería más difícil para el gobierno recurrir a la violencia. Por otra parte, de haber dentro de la isla unos cuantos miles de exiliados llegados días antes, ellos también podrían hacer valer su presencia desde tierra.

“Imaginemos el panorama, la reconquista de la isla por su pueblo dentro de la isla, en una invasión pacífica de los exiliados regresando a su tierra”.

Tentadora la iniciativa, como decía al inicio, y todo un desafío para quienes desde el exilio han insistido, reiteradamente y sin que carezca de lógica su planteamiento, en que el problema cubano debe ser resuelto por el pueblo cubano.

A continuación, un artículo indirectamente relacionado con lo anterior. Se trata de otra “operación retorno”, un nueva ofensiva antiembargo desatada por la oficialidad cubana a raíz del paso de los huracanes Ike y Gustav:

Tras los huracanes, el embargo

un artículo de Armando Añel

La costumbre de responsabilizar al vecino de los problemas propios, o de trasladar hacia afuera los problemas de adentro, es tan antigua como la historia misma y no parece susceptible de remisión en un futuro cercano. Precisamente, el embargo estadounidense contra el régimen castrista, clavo ardiendo del que se agarran los simpatizantes del totalitarismo para justificar sus desmanes e incongruencias, engrosa, como referente, los anales de ese victimismo justificativo que ha frenado históricamente a la especie humana. La culpa invariablemente es del otro, del vecino, del “enemigo”. Del “imperialismo yanqui”.

Aunque en el caso de Cuba la ofensiva antiembargo tiene implicaciones adicionales. No sólo disimula la ineficacia del modelo comunista, sino que resulta medular en términos de conservación del poder. Es de sobra conocido el carácter parasitario del sistema cubano, el hecho de que sólo a través de subsidios consigue mantener la cerrazón política y económica que lo caracteriza. La subvención soviética apuntaló durante décadas la parálisis castrista, función que en la actualidad cumple el petróleo venezolano. En esta cuerda, el levantamiento de las sanciones norteamericanas regalaría al castrismo una nueva fuente de subsidios, pero, a diferencia de los chavistas –demasiado sujetos a vaivenes internos y externos-, de subsidios estables, duraderos.

El castrismo es improductivo, luego el castrismo es parasitario, luego el castrismo es dependiente (en su momento de la antigua Unión Soviética, más tarde de Venezuela y siempre de Estados Unidos). Así, tras el paso de los huracanes Gustav e Ike, una nueva ofensiva antiembargo está en marcha, expuesta en la aberración de condicionar las ayudas humanitarias ofrecidas por Estados Unidos al levantamiento de las sanciones. Como siempre, la intelectualidad oficialista, nucleada en torno a la UNEAC, ha salido al rescate de la clase gobernante, circulando una carta en la que alrededor de cinco mil firmantes exigen el cese del embargo. Si alguien dudaba de la absoluta falta de escrúpulos de la dirigencia castrista, esta jugada la retrata hasta la médula.

Y es que cuando el régimen ha carecido de subsidios, ha debido abrirse paulatinamente a la iniciativa ciudadana. Recuérdese la uniformidad social o la inexistencia de una disidencia pública durante los años dorados del neocolonialismo soviético. Recuérdese el Maleconazo y las tímidas medidas aperturistas de mediados de los años noventa, posteriores al subsidio este-europeo e inmediatamente anteriores a la subvención chavista. Recuérdese, en fin, el retroceso de esas mismas reformas tras la aparición de la ubre venezolana. De ahí que la vieja guardia vuelva una y otra vez sobre el levantamiento incondicional de las sanciones estadounidenses, mientras observa de reojo la inestable presidencia de Hugo Chávez.

Pero existe una lógica histórica inexorable. Un régimen que confiscó ilegítimamente las propiedades norteamericanas en Cuba, y se pasó al bando comunista en la Guerra Fría, y amenazó con misiles nucleares a Estados Unidos, y ejerció de rampa de lanzamiento del imperialismo soviético en el hemisferio, y ha acogido calurosamente a los prófugos de la justicia estadounidense, y ha presidido la retórica antinorteamericana durante medio siglo, no puede pretender que Washington, nada menos que Washington, le dé respiración asistida.

Un régimen que ha obligado a cerca del veinte por ciento de la población cubana a exilarse -calificándola de “mafia”, “escoria”, “vendepatria” y otras lindezas por el estilo-, no debería sorprenderse de que algunos de esos mismos exiliados, convertidos en políticos y funcionarios del gobierno de los Estados Unidos, aboguen por el endurecimiento de las sanciones. Es como clavarse un cuchillo y esperar que no brote la sangre. Se cosecha lo que se siembra. Debería saberlo la vieja guardia reaccionaria.


Tres aproximaciones a la crisis financiera

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La crisis financiera está en boca de todos, y todo parece indicar que inclinará la balanza en las elecciones de noviembre, en Estados Unidos. Luego de echarle una mano a varios bancos de inversión e hipotecarias, así como a la aseguradora AIG, Washington ha decidido apostar todavía más fuerte: se anuncia un macroplan de rescate cifrado en 700 mil millones de dólares, dirigido a frenar el efecto dominó que podría desencadenar la caída en picada de Wall Street, inyectando liquidez en el conjunto del sector financiero. El Congreso deberá aprobarlo en los próximos días.

El macroplan otorgaría a Henry Paulson, secretario del Tesoro de Estados Unidos, poderes especiales durante dos años. En una reciente rueda de prensa, Poulson aseguró que el gobierno intervendrá más enérgicamente en el mercado inmobiliario, considerado el primer responsable de la crisis. Pero serán los contribuyentes los que pagarán los platos rotos.

En cualquier caso, para quienes defendemos el mercado libre sobre la intervención estatal, la presente crisis constituye todo un desafío intelectual. Se sabe que la llamada Crisis Subprime, relacionada con los créditos hipotecarios entregados a personas de alto riesgo, ha sido el desencadenante del problema, y que en este contexto hay que achacar a las agencias clasificadoras de riesgo y a los reguladores bancarios un alto por ciento de la responsabilidad. De manera que cabe la pregunta: ¿La solución sería regular más o, por el contrario, clasificar mejor?

A continuación, Cuba Inglesa reproduce fragmentos de tres aproximaciones a la crisis financiera, publicadas en distintos medios durante la última semana. Agradecemos la colaboración del fotógrafo Delio Regueral, quien “instigara” la escritura de este post.

Tres aproximaciones: George W. Bush en su discurso radial sabatino

Las medidas que proponemos requieren que arriesguemos una cantidad significativa del dinero de los contribuyentes. Pero estoy convencido de que esta audaz estrategia costará a las familias estadounidenses mucho menos que la alternativa. Una presión adicional en nuestros mercados financieros causaría la pérdida masiva de empleos, devastaría las cuentas para la jubilación, devaluaría más el sector de vivienda y disminuiría la disponibilidad de préstamos nuevos para casas, autos y matrículas universitarias.

En este difícil momento, sé que muchos estadounidenses que me escuchan se preguntan sobre la seguridad de sus finanzas. Por medio de la Corporación de Seguro Federal para Depósitos (FDIC), todos los certificados de depósito, cuentas de ahorro y cuentas corrientes están asegurados por el gobierno federal hasta cien mil dólares. El FDIC existe desde hace 75 años, y nadie jamás ha perdido un centavo de un depósito asegurado, y esto no cambiará.

A largo plazo, los estadounidenses, con buen motivo, pueden tener seguridad en nuestra solidez económica. Estados Unidos cuenta con los trabajadores más hábiles, productivos y emprendedores del mundo. Este país es el mejor lugar del mundo para invertir y hacer negocios. Y como hemos visto repetidamente durante los últimos ocho años, tenemos un sistema flexible y resistente que absorbe desafíos, hace correcciones y se recupera.

También resistiremos este desafío y lo haremos juntos. No es momento de partidismo. Trabajaré, tanto con demócratas como republicanos, para dirigir nuestra economía durante este momento difícil y retomar el camino hacia el crecimiento a largo plazo.

Tres aproximaciones: Paul Krugman en The New York Times

Para entender la crisis, el lector debe saber que el viejo mundo de los bancos, en el que instituciones instaladas en grandes edificios de mármol aceptaban depósitos y prestaban ese dinero a clientes de largo plazo, en gran medida ha desaparecido, reemplazado por lo que se conoce como "sistema bancario fantasma".

Los bancos depositarios, los de los edificios de mármol, ahora tienen un papel menor en canalizar los fondos de los ahorristas hacia los tomadores de créditos; la mayor parte de las transacciones financieras se realizan a través de complejas operaciones organizadas por instituciones "no depositarias", instituciones como el extinto Bear Sterns y Lehman Brothers.

El nuevo sistema supuestamente iba a ser más eficiente en distribuir y reducir el riesgo. Pero, tras el estallido de la burbuja inmobiliaria y la consecuente crisis de las hipotecas, parece evidente que ese riesgo fue más bien escondido que reducido: había demasiados inversores que no tenían idea de lo expuestos que estaban. Y conforme las incógnitas desconocidas se fueron transformando en incógnitas conocidas, el sistema comenzó a experimentar corridas bancarias posmodernas.

Estas no se parecen a la versión tradicional: con pocas excepciones, no estamos hablando de multitudes de depositantes enloquecidos que corren a golpear las puertas cerradas de los bancos. Hablamos de actores financieros que con frenéticas llamadas telefónicas y clics de los mouse cierran una línea de crédito o tratan de reducir el riesgo de incumplimiento de pago. Pero los efectos económicos -congelamiento del crédito, espiral descendente en el valor de los inmuebles- son los mismos que los de las grandes corridas bancarias de los años treinta.

Tres aproximaciones: Federico Jiménez Losantos en Libertad Digital

Yo no sé, y nunca lo sabremos, si una cadena de quiebras gigantescas habría sido peor que esta intervención americana en defensa de todos los timadores político-financieros del mundo. Tampoco sabremos si habría sido mejor que lo que nos espera, que a mi juicio no puede ser bueno de ninguna manera. Lo razonable, desde el punto de vista liberal, es una lenta reconstrucción del escenario de ruina financiera internacional que se había dibujado ya con toda claridad. Si se premia a los que merecen castigo y se castiga a quien no lo merece, no es lógico pensar que el resultado sea positivo para la economía, para la política y para la ética. En este orden, sin duda.

Y temo que mucho más aún en el orden inverso: ética, política y economía. En lo ético, porque se premia de hecho la falta de ética a un nivel planetario y porque limitará a lo religioso y moral, abandonando la pretensión de controlar y limitar el descontrol de la Administración, cualquier protesta contra el saqueo de los bolsillos de los ciudadanos por una casta político-mediático-financiera que convertirá a mucha gente en antisistema. En lo político, porque el consenso socialdemócrata e intervencionista no sólo se va a reimplantar como paradigma único para todos los países avanzados, sino que incluirá el modelo estafador y delincuencial de un cierto tipo de dirigente político entre Clinton y Zapatero, entre Arkansas y México DF, entre Georges Soros y Carlos Slim.

Y en lo económico porque deja como únicas alternativas a corto plazo las tres que han fracasado en el siglo XX: el intervencionismo socialista a máxima escala, que ha sido el comunista; el socialismo a escala más limitada, que han sido el fascismo mussoliniano y la socialdemocracia; y el estatalismo proteccionista de derechas, que no deja de ser una variante de socialismo. En resumen: una triple derrota de la libertad; un paso que parece irreversible hacia el abismo de lo política y económicamente correcto; una catástrofe.

Ilustración, cortesía http://www.deliophotostudio.com/


La cruz sobre la isla, el socialismo y los actos de Dios

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Agrego a La cruz sobre la isla este oportuno artículo de Carlos Alberto Montaner, a propósito del “día después” del huracán y las incapacidades del socialismo para afrontarlo. Que lo disfruten:

El socialismo y los actos de Dios

un artículo de Carlos Alberto Montaner

Las catástrofes naturales suelen ser calificadas como ''actos de Dios''. Es una mala traducción del inglés. La tesis de este artículo, derivada de la experiencia, es que todavía hay algo más terrible que estos inesperados destrozos: la incapacidad de los socialistas para mitigar los actos de Dios. El tema es muy importante. Una buena parte de América Latina está apostando por el socialismo y se trata, precisamente, de una zona compuesta por países propensos a los grandes desastres naturales (terremotos, ciclones, inundaciones y monumentales deslizamientos de tierra), y esas devastadoras experiencias son todavía peores en sociedades organizadas en torno a Estados todopoderosos en los que la sociedad civil ha sido deliberadamente diezmada.

Me explico. En Cuba el ciclón Gustav acaba de destruir más de cien mil casas en el occidente del país. Isla de Pinos y Pinar del Río son hoy territorios devastados por la inclemencia del ciclón. Fidel Castro exagera cuando afirma que ha habido el equivalente de una explosión nuclear, pero ha sido muy grave. Medio millón de personas carecen de techo, agua potable, electricidad, comida o medicinas. Miles de escuelas, puentes y empresas agroindustriales -entre ellas la gran zona tabacalera- y centros de salud han sido demolidos por la fuerza del agua y del viento.

Afortunadamente, la pérdida de vidas humanas ha sido mínima por la gran habilidad de la organización de defensa civil que posee el país. Como se trata de una sociedad altamente militarizada y encuadrada en organizaciones de masas verticalmente controladas por la policía política, el gobierno es capaz de evacuar eficientemente un millón de personas en 24 horas. Eso lo hacen mucho mejor que las naciones democráticas más ricas del planeta.

Pero ahí comienza la agonía: no hay régimen más torpe que el socialismo para rehacer los estragos provocados por los desastres naturales o los generados por las guerras. En Cuba hay ''albergues provisionales'' en los que numerosas familias han pasado décadas a la espera de la reconstrucción de sus viviendas. Hace 45 años que otro devastador ciclón, el Flora, afectó a Cuba, y todavía hay secuelas y huellas de aquella tragedia. Algo de lo que nadie debe sorprenderse: en 1989, cuando fue derribado el muro de Berlín, el mundo entero pudo comprobar que los 44 años que habían transcurrido desde el fin de la Segunda Guerra Mundial no les habían alcanzado a los comunistas para recoger los escombros provocados por los bombardeos de los aliados.

¿Por qué son tan incapaces los gobiernos socialistas-estatistas para reconstruir los daños materiales producidos por los grandes percances que periódicamente afectan a casi todas las sociedades? La primera razón tiene que ver con el inventario de repuestos. Son sociedades crónicamente desabastecidas, totalmente impotentes para solucionar situaciones imponderables debido a la infinita torpeza de los modelos de economía planificada. En Cuba no hay colchones, almohadas, inodoros, muebles o electrodomésticos de reemplazo para afrontar el más pequeño de los inconvenientes. No hay puertas, ventanas, tejas o planchas de madera o uralita para reconstruir los techos y paredes. En Cuba no hay prácticamente nada: el infeliz que perdió su poca ropa y sus zapatos demorará años en reunir un nuevo ajuar.

Pero la segunda razón es todavía más importante: en las sociedades socialistas altamente estatizadas (todas legendariamente improductivas), sólo hay un centro dotado de recursos (siempre notablemente limitados) capaz de tomar decisiones y de ejecutarlas. Eso genera una cadena de arbitrariedades, corrupción e ineficiencia que suele traducirse en la parálisis creciente de la recuperación. Sencillamente, los funcionarios que toman las decisiones no son los propios damnificados, sino una intrincada madeja de burócratas indiferentes a los que les da exactamente igual que se reconstruya la casa o se rehaga el puente, porque su responsabilidad, en el mejor de los casos, es administrar parsimoniosamente los escasos recursos que le han asignado.

Cristóbal Colón descubrió los ciclones precisamente en Cuba, y desde entonces se les conoce con el nombre con que los indios taínos designaban al dios responsable de enviar estos fenómenos: Huracán. Cuba siempre ha padecido huracanes porque está en el camino que suelen recorrer estos terribles gigantes, lo que no impidió que el país aprendiera a enfrentarse a ellos hábilmente. Sólo en el siglo XX, por lo menos tres ciclones han sido peores que el Gustav (años 1926, 1932 y 1944), pero en los tres casos en menos de seis meses habían desaparecido las cicatrices dejadas por estas colosales tormentas. ¿Por qué? Porque existía una densa sociedad civil provista de un gran tejido comercial, y cada persona sabía cuáles eran sus necesidades inmediatas y cómo afrontarlas. La ''mano invisible'' no sólo opera en circunstancias normales: es todavía más eficiente cuando tiene que improvisar soluciones de vida o muerte. Hoy esa inmensa tarea, absolutamente compleja y minuciosa, le corresponde al Estado y éste, simplemente, no sabe llevarla a cabo.

Cortesía http://www.firmaspress.com/

La cruz sobre la isla

un texto de Armando Añel

A punto de cumplirse medio siglo de totalitarismo en Cuba, la cruz meteorológica se superpone a la cruz política: apenas había abandonado el huracán Gustav la costa norte pinareña cuando ya Ike penetraba por Oriente, a la altura de Holguín. La multitud de blogs que han venido ocupándose del tema no me instigaba precisamente a abordarlo. Pero un par de observaciones del comentarista Apocalipsis Now, que pueden leerse en el tema anterior a éste, Montaner: El capitalismo que nos aguarda, me hizo cambiar de idea.

“Primero Gustav lo cruzó de sur a norte y ahora Ike lo cruza de este a oeste. Vertical, horizontal. Una cruz sobre el mapa cubano (...) Amaneceremos en una nueva Cuba definitivamente liberada de polvo y paja por el viento y la lluvia. Amanecerá este enero de 2009 marcando el fin de medio siglo de oprobio. El castrismo desaparecerá víctima de su naturaleza, de la naturaleza”, escribe el comentarista. Y termina afirmando que este año fallecerá Fidel Castro.

Más allá de los elementos especulativos del comentario, cabe argumentar en torno a algunos de sus ingredientes. Lo cierto es que no recuerdo la última vez que dos huracanes de categoría pasaron en cruz sobre el territorio cubano, con apenas horas de diferencia, y por supuesto, es evidente que nunca lo habían hecho en momentos tan complejos para el castrismo, que se debate entre la agonía del padre fundador y la imposibilidad de instrumentar reformas que, sin embargo, la población demanda desde hace meses. Una de las que se han estado demandando, recuérdese, es la eliminación de las visas de entrada y salida a los ciudadanos nacionales.

A propósito de la ayuda humanitaria, el asunto ha vuelto a ganar protagonismo. La cancillería cubana observa que en Estados Unidos “se ha desatado en las últimas horas un amplio debate público acerca de la posición que debería adoptar su gobierno ante los severos daños causados por el huracán Gustav en Cuba”. Considera que “las restricciones a los viajes y remesas de los residentes en los Estados Unidos de origen cubano nunca debieron aplicarse”. Y advierte: “Si por razones humanitarias se restablecieran esos derechos a los cubanos, no habría forma de explicar que se mantuviera dicha prohibición, igualmente injusta y discriminatoria, para los ciudadanos estadounidenses”.

Así, el castrismo condicionó inmediatamente las acciones humanitarias que se disponía a emprender Estados Unidos al levantamiento incondicional del embargo. Cosa a la que Washington, como era de esperar, se negó rotundamente. Mientras, en el exilio, los representantes cubanoamericanos, grupos como Consenso Cubano e intelectuales como Heriberto Hernández y Jorge Salcedo emitían llamamientos. Una carta abierta impulsada por Salcedo en http://salcedodiario.blogspot.com/ pide a La Habana, entre otras cosas, “que implemente el otorgamiento de visas humanitarias para que todos aquellos que deseen visitar Cuba con tal fin durante este periodo puedan hacerlo con sus actuales documentos de viaje, sin discriminación por motivos políticos u otros”.

Un pedido –el de que los cubanos en el exterior puedan ayudar a los damnificados con sus actuales documentos de viaje, sin discriminación por motivos políticos u otros- que cabría extender, en la medida de lo posible, a figuras de la cultura y la política a nivel internacional, dado que sus firmas suelen ser mucho más eficaces, en circunstancias como las actuales, que las de los propios exiliados.

Entretanto, según Reuters, “varios modelos indican que Ike podría emerger al Golfo de México a la altura de La Habana, una ciudad de poco más de dos millones de habitantes”. La agencia cita a Fidel Castro: “Estamos asediados en este instante por los huracanes. Más que nunca se impone la racionalidad”. Y ya se sabe qué significa racionalidad para la delincuencia de uniforme que gobierna Cuba: impedir a toda costa, incluso a costa del sufrimiento de millones de damnificados, que el movimiento humanitario escape al control del régimen.

“Mientras los enemigos se frotaban cínicamente las manos, los amigos, como se ha evidenciado, son muchos y están decididos a cooperar con nuestro pueblo”, asegura Fidel Castro en la última de sus reflexiones. “Las semillas de solidaridad sembradas durante largos años fructifican por todas partes. Aviones rusos y de otros países llegaron rápido desde miles de kilómetros de distancia con productos que se miden no por su volumen o su precio, sino por su significado. Donaciones de pequeños Estados como Timor Leste, mensajes de países importantes y amistosos como Rusia, Viet Nam, China y otros, expresaron la disposición de cooperar todo lo posible en los programas de inversión que debemos acometer de inmediato para restablecer la producción y desarrollarla (…) La hermana República Bolivariana de Venezuela, y su presidente Hugo Chávez, han adoptado medidas que constituyen el más generoso gesto de solidaridad que ha conocido nuestra patria”.

Pero, a pesar de las ayudas enumeradas por el hermano mayor, una situación de la envergadura de la que nos ocupa podría volverse en su contra –tanto si el régimen persiste en su cerrazón como si se abre-, con la camisa de fuerza estatal desgarrada por las inclemencias del tiempo.

En cualquier caso, ¿la cruz meteorológica nos está anunciando el principio del fin? ¿Podremos cerrar en enero, como anuncia el comentarista Apocalipsis Now, el capítulo de medio siglo de dictadura totalitaria? En el corazón de Occidente, con un exilio que representa cerca del veinte por ciento de la población cubana a apenas noventa millas, sin financistas de peso más allá de un Hugo Chávez crecientemente impopular y con la desaparición política de su máximo cancerbero consumada –la desaparición política de esa mezcla de encantador de serpientes y azote de reformistas que fuera Fidel Castro no constituye un desencadenante menor-, ¿estará la dirigencia castrista en condiciones de sostener el inmovilismo por mucho más tiempo?

La dirigencia sabe que la apertura, sea de la índole que sea, significa su final. Mientras, la cruz continúa sobre la Isla.