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El Reducto que los ingleses se negaron a canjear por la Florida

Autor: Armando Añel

Armando Añel

Escritor, periodista y editor. Reside en Miami, Florida.
letrademolde@gmail.com

 

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Una entrevista con Armando Valladares

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Armando Valladares constituye, en sí mismo, un sinónimo del presidio político cubano. A finales de 1960, con sólo 23 años, fue detenido y encarcelado por el régimen de Fidel Castro, quien lo mantuvo tras las rejas durante más de dos décadas. Finalmente, gracias a la presión internacional y a diversas gestiones de personalidades cubanas en el extranjero, fue liberado en 1982.

Su encarcelamiento, su libro Contra toda esperanza –un testimonio de sus años como prisionero político- y su labor de denuncia como embajador de Estados Unidos en la ONU, lo convirtieron, junto a Ricardo Bofill y otros célebres defensores de los derechos humanos, en un referente para la embrionaria sociedad civil cubana y el exilio.

La siguiente entrevista, cedida por el periodista de TV Martí Alfredo Jacomino a este blog –agradecemos una vez más su generoso aporte-, aborda la personalidad y puntos de vista del escritor y ex prisionero de conciencia. Que la disfruten:

Textual: Una entrevista con Armando Valladares

¿Usted cree que escogió su destino, o sucedió a la inversa?

No creo que ningún hombre escoja su destino, creo que hay circunstancias y cosas que colocan a los hombres en diferentes situaciones y el resultado de esa actuación mucha gente la llama “el destino”. Yo creo que el curso de una vida, si es que está predestinada, es algo que los hombres desconocen.

¿Qué duele más, un golpe, una cicatriz o un recuerdo?

Duele mucho más un recuerdo, porque el golpe en el momento se te pasa y la cicatriz queda ahí, es una huella física que no te molesta, que no te duele. Pero un recuerdo puede ser mucho más doloroso que los golpes y las cicatrices.

¿Cómo prefiere que lo llamen: ex embajador, ex preso, poeta, pintor o simplemente por su nombre?

Simplemente por mi nombre.

De las cosas que ha logrado conseguir en la vida, ¿cuáles son las que más atesora?

Mi familia, el estar con mi esposa y mis hijos.

¿Qué le provoca hoy mayor miedo?

En primer lugar el futuro de mis hijos, de mi familia, por el mundo en el cual estamos viviendo. Creo que para cualquier padre amante de sus hijos es preocupante. El futuro es algo que lo veo de verdad muy negro para las próximas generaciones, y cuando digo esto estoy pensando en la destrucción sistemática y constante de los valores tradicionales cristianos de esta sociedad. Y por supuesto, también me preocupa el futuro de Cuba viéndolo a través de la destrucción de estos valores.

¿Perdona a sus carceleros y a los jefes de sus carceleros?

He perdonado absolutamente a todo el mundo. He perdonado a los que lanzaron cubos de excremento en mi rostro, a los que me golpearon, a los que me torturaron, a los que me vejaron a mí, a mi madre, a mi hermana, a mi padre, a mi familia. He perdonado personalmente a esa gente y cuando te digo perdonar es porque no hay un ápice de odio absolutamente en mi corazón. Pero no es una actitud asumida después de la salida de la prisión, es una actitud que asumí desde el primer día que llegué a la prisión.

Repito, el odio es un sentimiento que aniquila al que lo padece. Perdonar es una actitud muy íntima. Pero nadie tiene el derecho de perdonar por otros, por eso me parece a veces inconcebible que haya gentes que digan que hay que perdonarlo todo. El perdón es una cosa tan íntima que sólo tiene que ver con uno. Yo no puedo perdonar un caso tuyo o de alguien a quien le hayan fusilado un familiar. El hecho de que yo haya perdonado no quiere decir que piense que un día la gente que cometió esos crímenes no tenga que responder ante la justicia.

Durante todos los años que estuvo preso, si lo hubieran dejado salir 24 horas, ¿qué hubiera hecho en ese tiempo?

Si hubiera tenido 24 horas por supuesto que las hubiera compartido con mi familia. Recuerda que en 22 años creo que tuve trece visitas. Es decir, hubiera compartido ese tiempo con Marta, con mi madre, con el resto de mi familia.

El régimen de Castro mostró en la televisión que usted aparentaba estar inválido, pero que caminaba dentro de la celda mientras era grabado por una cámara oculta. Para quienes no sepan o no recuerden ese evento, ¿qué dijo usted en su defensa?

Bueno, ese fue un montaje. La persona que en algunas ocasiones hizo mi papel vino por la Base de Guantánamo. Yo lo conocí aquí, anda ahora por Filadelfia, y también vino el técnico del ICAIC que participó en ese montaje. Todo el mundo sabe que es típico de los comunistas este tipo de montaje. Se lo hicieron a Andrei Sajarov, me lo hicieron a mí, pero lo importante no es si yo estaba más o menos enfermo. En realidad eso no le quita valor a lo que estábamos denunciando. Puedes estar seguro de que ese montaje no fue creído por la mayoría de la gente. Es más, pasó con los cubanos como con la película Estado de sitio, que el antihéroe se convirtió en héroe. Tanto es así que el propio Fidel Castro tuvo que ordenar que sacaran la película de los cines. Entonces, para mucha gente, esa exhibición tuvo un efecto diferente a lo que el gobierno pretendía.

¿Ha sentido alguna vez que no valió la pena estar preso?

No, yo estoy absolutamente convencido de que no perdí el tiempo en la cárcel y que era necesario que yo estuviera ahí. Porque para mí la cárcel fue una grandísima enseñanza. Estuve preso en una actitud que mucha gente no logra en la calle. Primero, conocí a los hombres y tuve años para conocerme a mí mismo, y meditar acerca de mi presencia en la Tierra, de mi futuro acerca de lo que es el hombre. Yo no creo que fue tiempo perdido. Mucha gente me dice eso y les digo que nunca estuve preso, porque la verdadera libertad es la que Dios le da al hombre, y esa yo no la perdí nunca. Para mí la prisión fue solamente falta de espacio y falta de acceso a las cosas que normalmente la gente tiene en la calle, nada más. Nunca me sentí preso y mientras un hombre no se siente preso está libre de alma, de conciencia y de pensamiento; es un hombre libre aunque esté en un rincón durante años y años como estuve yo.

Su nombre trascenderá a futuras generaciones como víctima de una dictadura. ¿Qué le hace sentir eso?

Si eso sirve para que el ejemplo de nuestro sacrificio se disemine… porque acuérdate que yo soy uno más entre miles y miles. Yo soy quizás alguien un poco más conocido, que escribió un libro que tuvo éxito, pero mi sufrimiento, y lo que yo pasé, fue el sufrimiento de lo que pasaron decenas de miles de hombres, y si eso sirve de ejemplo para que las futuras generaciones conozcan la verdadera naturaleza criminal del régimen de Castro y los horrores de una dictadura, y si eso sirve para que traten de que nunca más se repita, pues yo me sentiré satisfecho.

¿Cree que en realidad la gente en el mundo está tan ocupada de sus asuntos que eso de la solidaridad con los oprimidos resulta una aberrante hipocresía?

Bueno, no creas, porque eso ha cambiado mucho en los últimos treinta años. Si hace treinta años hubiera existido la cantidad de gente que en este momento está interesada en los derechos humanos, posiblemente nosotros, los presos políticos cubanos, no hubiéramos tenido que estar tantos años en prisión. Recuerda que hace 20, 25 años, los derechos humanos eran un tema casi exótico. Hoy por hoy creo que no existe un sólo gobierno en el mundo que no tenga un departamento de derechos humanos, y creo que no solamente los gobiernos, las grandes empresas también ya están empezando a tener departamentos que se ocupan de los derechos humanos.

A su juicio, ¿cuáles son las principales virtudes y defectos del exilio cubano?

Esa es una pregunta bien difícil de responder. Yo creo que el gran defecto que hemos tenido, y para mí sería el más importante, es no haber sido capaces de lograr una unidad de lucha frente a la dictadura. De las virtudes… somos un exilio del cual todos los cubanos podemos estar más que orgullosos, porque después de cincuenta años de dictadura se sigue manteniendo aquí un espíritu de lucha, de amor a nuestras raíces. Creo que el más grande logro es haber podido mantener vigente ese amor por la patria esclava y no sólo eso, sino haber sido capaces de transferir ese amor a nuestros hijos que nacieron fuera de Cuba.

¿Qué responsabilidades le impone la fama?

El tener que estar siempre mucho más atento y vigilante de lo que yo estaría normalmente en todos los aspectos.

¿En el mundo artístico ha logrado mayor reputación como pintor o como poeta?

En realidad he logrado más como poeta que como pintor, a pesar de que en los últimos años me estoy dedicando muchos más a la pintura que a la poesía. Porque en realidad lo que yo soy es un pintor, fue lo primero que hice. Empecé a estudiar artes plásticas cuando tenía doce años con una dispensa especial, porque hasta los trece años no se podía empezar en la Escuela de Artes Plásticas de Pinar del Río, y pintar fue mi primera vocación. Después de pintar comencé a escribir y luego, envuelto en todas estas situaciones en que me encontré después de mi salida de la prisión, no tuve tiempo de dedicarme a la pintura como lo estoy haciendo ahora. En este momento tengo más de noventa cuadros colgados en todo lo que es Estados Unidos, Centroamérica, Francia y España, y los coleccionistas más importantes del exilio tienen obras mías. Sigo pintando, ahora voy a tener una exposición en España.

Si el destino le concediera hoy mismo tres deseos, ¿cuáles escogería?

El primero de todos (y eso puede parecer un poco egoísta, pero quiero ser sincero en esta entrevista): la seguridad absoluta de mi familia, de mis hijos, de mi esposa. Después la libertad de Cuba, y después que el futuro de Cuba sea un futuro de libertad, como lo soñamos todos los que hemos estado luchando por esa libertad.

¿Le tienta la idea de hacer política en una Cuba libre?

Rotunda y absolutamente no. Porque después de 22 años en la cárcel soy con mi tiempo casi un anarquista. Uno de los peores sacrificios para mí, fueron los años en que fui embajador. Tenía que estar constantemente comunicando dónde iba a ir, qué iba a hacer. Aquella cosa que me parecía ridícula de que de lunes a viernes tenía que andar en un carro blindado con los cristales de dos pulgadas de grueso y conductores y escoltas, y después el viernes me iba con Marta y los niños a pasear por Italia. Para mí ése fue el más grande de todos los sacrificios. Después de eso incluso recuerdo que mi buen amigo Jack Kemp, luego de que yo renunciara a mi cargo de embajador, fue a la Casa Blanca y le propuso al presidente -y esto salió en Wall Street Journal- que me nombrara para ser el próximo embajador de Estados Unidos en la OEA. Yo me subí a un avión y fui a ver a Jack Kemp personalmente, y le dije: “Por favor, te agradezco muchísimo, pero no hagas eso porque no me interesa para nada, yo lo que estoy es loco por terminar esta tarea que me dio el presidente Reagan y volver a mi libertad”.

¿Cree que hay muchos cubanos que, para desgracia nuestra, se parecen en su carácter autoritario a Fidel Castro?

Yo creo que en todos los grupos sociales te vas a encontrar gente que tienen esos impulsos totalitarios. Ojalá que ninguna de esta gente llegue a tomar las riendas de nuestro país, ni de ningún grupo donde tenga personas a su mando, porque las consecuencias sabemos que son nefastas.

Usted ayudó a denunciar la esclavitud en República Dominicana, en un campo tan cercano a nuestras raíces como el de la caña de azúcar. ¿Qué detalles y personajes descubiertos le resultaron más despreciables?

Fue en realidad asombroso ver que en un lugar tan cercano existían estas condiciones de esclavitud tan tremendas. Observé cosas allí que jamás pensé que podía verlas ni en República Dominicana ni en ningún lugar en America. Gracias a Dios y a este documental que hicimos, Los niños del azúcar, o The Sugar Babies, y gracias al trabajo de otros activistas y de otras organizaciones, ha habido verdaderos logros. Tenemos información de que el tráfico, que era de miles de haitianos que los llevaban engañados a República Dominicana, prácticamente ha desaparecido, y el otro día escuché una noticia que fue muy reconfortante: es la de que el gobierno de República Dominicana va al fin a reconocer a miles de indocumentados. Porque conocimos a cientos de personas, algunos de 18 a 20 años, que no tenían inscripción de nacimiento, ni documento de ninguna índole. Entonces creo que ese trabajo que hicimos ha contribuido a mejorar esas condiciones para los dominicanos, y nos alegramos muchísimo de eso.

¿Quién es Armando Valladares?

Armando Valladares es un cubano que sencillamente fue llevado a la prisión en 1960. Pasé 22 años en la cárcel, en una actitud de rebeldía frente al régimen. Todos saben que si yo hubiera aceptado, por ejemplo, la claudicación de mis ideas, de mis principios, y renegado de Dios, de lo que me definía como persona, como ser humano y como hombre, pues no hubiera tenido que estar tantos años en la cárcel. Sin embargo, para mí renunciar a todo eso hubiera significado un suicidio espiritual. Viene a mi mente el pensamiento de Martí de que un hombre honrado no mira en qué lugar se vive mejor, sino en qué lugar está el deber. Y yo con la ayuda de Dios… porque déjame decirte que en el más oscuro rincón de mi celda nunca estuve solo, Dios estuvo conmigo, y en momentos en que ya pensé que no iba a tener más fuerza, acudía a El y siempre salía más fortalecido.

Creo que soy uno de tantos. Hay muchísimos otros prisioneros que fueron mucho más maltratados que yo y que tienen unas historias muchos más impresionantes, que hubieran podido escribir un libro, estoy absolutamente seguro, de mucho más impacto que mi propio libro. Lo que ocurre es que, sencillamente, por esas cosas que no están bajo control, su salida coincidió con un momento en Europa en que, ante los intelectuales, me di a conocer. Pero recuerda que mi libro no es mi historia, mi libro es la historia de todos los presos políticos de Cuba, de las víctimas, de los que sufrieron, de los torturados, de los asesinados.

Yo sí estuve absolutamente convencido en la cárcel, primero, de que iba a salir de la prisión; segundo, de que iba a poder fundar con Marta, que fue mi gran apoyo durante veinte años, un hogar y tener hijos; y también estuve siempre seguro de que iba a escribir ese libro, y de que iba a ser un éxito. Cosas que después me ocurrieron jamás me pasaron por la mente. Por ejemplo, nunca se me ocurrió que iba a ser embajador de los Estados Unidos, ni que iba a tener las oportunidades que tuve de luchar por el tema de los derechos humanos, que para mí era una verdadera obsesión. Recuerdo que, cuando llegué a Miami, Leticia Callava me hizo una entrevista y me preguntó qué era lo que yo pensaba hacer en el futuro, y yo de manera muy ingenua le dije que mi objetivo era llevar el tema de los derechos humanos de Cuba a la ONU. Ella no me dijo nada, pero cuando estábamos en la ONU y fue allí cubriendo como periodista el evento, me confesó que pensó que aquella había sido una ilusión imposible de preso, porque todavía en aquella época se pensaba que al gobierno de Cuba no le interesaba el tema de los derechos humanos.

Yo sabía por mi propia experiencia en los dos años últimos de encierro que ellos estaban preocupados por el tema de los derechos humanos, porque a cada rato venía uno de los oficiales de la Seguridad del Estado a decirme que Amnistía Internacional me había borrado de la lista de presos de conciencia y que en lo adelante estaría abandonado. Eso me permitió saber que a ellos sí les importaba eso. Y después, fue para mí uno de mis grandes logros y de mis grandes satisfacciones el día que pudimos, con la ayuda de un grupo de presos políticos que estuvo conmigo en Ginebra, lograr que al fin se demostrara en la Comisión de Derechos Humanos que Cuba era un país sistemáticamente violador de esos derechos. Y por ese triunfo recibí la Medalla Presidencial del Ciudadano, que es la segunda condecoración más importante que puede recibir un ciudadano norteamericano. Además, el más alto honor que le concede el Departamento de Estado a una delegación diplomática, el Superior Award, que me dieron a mí, como jefe de la delegación, y por supuesto al resto de mi gente.


Operación Retorno: Una entrevista con Delio Regueral

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Fernandina de Jagua ha tenido la gentileza de cedernos la siguiente entrevista, en la que Denis Fortún hace gala de un instinto periodístico a toda prueba. Sus preguntas, dirigidas a Delio Regueral, abordan la propuesta del artista publicada el pasado jueves en este blog, relacionada con echarle a perder la “última cena” a la nomenklatura cubana (el desembarco en Cuba de cincuenta mil exiliados, por mar y por aire, el primero de enero próximo, seguramente no sería para menos).

Escribe Fortún:

“También recibí la carta de Delio Regueral expresándome las ideas del Movimiento Retorno a Cuba (MRC). Sin embargo, en la blogosfera las cosas se mueven rápido y ya no tenía sentido reproducirla en mi blog luego de haber visto que lo habían hecho Cuba Inglesa, El Tono de la Voz, El Cabeza de Puerco Ilustrado y Tirofijo. Por tanto, se me ocurrió que mejor sería hacerle a Delio unas cuantas preguntas sobre tan polémico llamamiento, que ha generado innumerables comentarios en todos los sitios en que se ha publicado, algunos bien fuertes”.

El resultado es la siguiente entrevista. Que la disfruten:

Textual: Una entrevista con Delio Regueral

¿A quién se le ocurre la idea de hacer un llamamiento para un regreso masivo? ¿Es una propuesta tuya o pertenece a un grupo en específico? ¿Está la disidencia dentro de Cuba al tanto de este proyecto?

No sé a ciencia cierta de quién es originalmente la idea, aunque hablando con el Embajador Armando Valladares me cuenta que este proyecto lleva muchos años rodando, y que lo planteó sin éxito Orestes Lorenzo, el piloto que vino en un avión de combate y después regresó en avioneta a buscar a su familia. Por otro lado, creo que Ramón Saúl Sánchez también hizo algo alrededor del mismo concepto. Yo solo creí posible sacarlo del ambiente del barbecue (observación del bloguero Jorge Ferrer).

La tercera parte de esta pregunta es para mí también una incógnita, aunque me atrevo a deducir que si lleva tanto tiempo en el ambiente algo habrá llegado a la disidencia. Si alguna vez esto fue un secreto, ahora lo es a gritos.

¿Qué te hace pensar que la idea tendrá el apoyo que le pronosticas?

El hecho de que recibo sólo tres tipos de comentarios: los que opinan que es difícil pero confían en el proyecto -que son más de lo que yo mismo pensaba- y aseguran que serán parte de él; los que preguntan si ya la organización tiene tesorero; y por último, los que se dedican a hacer ataques personales sin aportar nada.

No descartas hechos violentos por parte de La Habana. ¿Por qué aseguras entonces que las autoridades de la Isla no van a reprimir ese éxodo inverso con saña, de estar presente la prensa extranjera, cuando la realidad ha demostrado lo contrario?

No aseguro que no habrá violencia, pero sí aseguro que la presencia de la prensa limitará la intensidad en caso de que la haya. Y opino que el régimen no puede con cincuenta mil exiliados regresando, más la reacción de apoyo del pueblo.

¿Piensas que luego de tanto esfuerzo por parte de los que llegaron a Miami para abrirse camino en todos los sentidos, algunos estarían dispuestos a vivir de nuevo bajo el manto de la dictadura? ¿No sería esta una terrible borrachera con una resaca de consecuencias fatales e incalculables?

Creo que muchos ya están locos por volver. Otros lo harían sólo por el tiempo necesario para el desplome del régimen. La mayoría irá cuando la incertidumbre haya pasado y, desde luego, nadie está preparado para volver voluntariamente a una dictadura. Más bien lo que cuenta es la convicción de que es el fin de la era castrista. Creo que hay un montón de gente dispuesta, pero se sienten impotentes porque se creen solos. Por otra parte, sin tinta no se puede escribir, sin lente no se puede hacer una fotografía, sin sacrificio no hay recompensa. Hasta para comerse un plátano hay que pelarlo primero.

Los hay que te acusan de “inocente”, “borracho” y “marihuanero” porque asumen que sólo a un alucinado puede ocurrírsele un acto así, considerándolo estéril y hasta infantil. ¿Qué le dirías a esas personas, que evidentemente no te toman en serio?

A los que hacen ataques personales y ofensivos, nada. A los que me consideran inocente e infantil, les doy las gracias por su opinión sincera. Algunos lo han hecho con refinado sentido del humor y respeto. El que ataca las ideas está pensando, el que ataca en lo personal no tiene argumentos.

¿De qué fuentes sacaste las estadísticas, los números y las probabilidades que manejaste al momento de redactar la propuesta?

Evidentemente, puedo estar completamente equivocado. Incluso los estudios más serios de opinión se equivocan con más frecuencia de la que aciertan, y mis números son producto de estudios y análisis basados en las condiciones de crisis económica, política y social por la que atraviesa la Isla. Ellos hacen evidente que nunca estuvo más clara la debilidad de la cúpula gobernante. El exilio lo sabe y nada hay más poderoso que el contagio colectivo de lo palpable. También la idea de la “reconquista” apasiona a muchos.

Por otra parte, el 2.5 por ciento de dos millones aproximadamente de exiliados, da por resultado cincuenta mil. Es el mismo porcentaje de hombres que decidió revelarse en los campos de concentración nazis. Este dato lo saco de otra conversación con Carlos Alberto Montaner, que lo manejó para exponerme sus dudas sobre las posibilidades reales de la propuesta.

Algunos me han comentado: “Lo que más llama la atención es que son los ñángaras confesos los que están apoyando esta iniciativa”. Mencionan a posibles agentes del castrismo involucrados. ¿Qué dices a esto?

No entiendo qué beneficio le reportaría a la dictadura una olla cerrada y cogiendo presión, cuando han sido Camarioca, El Mariel y la Crisis de los Balseros válvulas de escape utilizadas por el régimen. Si realmente el 1ro de enero el contra-éxodo triunfara y yo perteneciera a la cúpula del poder en Cuba, creo que optaría por pedir asilo en Venezuela o España, o donde fuera. Además, no he oído todavía a nadie pronunciándose al respecto, fuera de los comentarios de los blogs.

¿No has pensado que apoyar este llamado al regreso te puede acarrear consecuencias desagradables a nivel personal?

No he pensado en eso. Sólo estoy haciendo lo que millones hacen todos los días en Internet, radio y televisión: hablar de un tema y dar mi opinión personal.

Por último, algo que no mencionas explícitamente en tu propuesta: ¿Serías tú de los primeros en lanzarse a la reconquista del país a través del MRC?

Lo que puedo asegurar es que el 30 de diciembre salgo en viaje de placer, navegación y pesca por el estrecho de la Florida. Lo haré en mi velero, El Buccaneer.

Cortesía http://www.denisfortun.blogspot.com/


Expo: Una entrevista con Casimiro González

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Con más de cincuenta exposiciones personales en su haber, y decenas colectivas, podría asegurarse que Casimiro González es un pintor consagrado. Pero él se resiste a aceptar esa definición. En cualquier caso, su obra, marcada por la festividad del color y la hedonista proliferación de las imágenes –paradójicamente, las mujeres de Casimiro no sonríen ni siquiera mientras bailan, aunque tampoco les hace mucha falta-, se consagra en la recreación poética de un entorno cultural que no sabe andarse por las ramas.

Así, en los cuadros del pintor la vegetación exuberante, el azul exuberante, las anatomías exuberantes, constituyen puntos de partida hacia lo extraordinario. Las figuras surcando la tela intrépidas, inmersas en su fastuosa obesidad. ¿Obesidad? Cabría mejor decir en su esplendor, en su lánguida, pero trepidante, fluidez. Ellas nunca se pasan de la raya.

Este fin de semana –días 27 y 28 de septiembre- la obra de Casimiro González, junto a la de otros artistas hispanos, podrá ser apreciada en la Hispanic Heritage Expo, a celebrarse en el Convention Center de Miami Beach. A propósito de esta presentación, el pintor nos concedió la siguiente entrevista. Que la disfruten:

Una entrevista con Casimiro González

Háblenos de sus comienzos como pintor…

La vida me hizo pintor. En 1980, en Chicago, tras llegar de Cuba, empecé a pintar sobre una sábana, con pintura de pared, para decorar el apartamento donde estábamos rentados. Pintando ese cuadro me tiraron una foto. Llegó esa foto a manos de un galerista americano y el hombre me quiso conocer, llegó a la casa buscando los cuadros y le dije que el único cuadro que tenía era ése. Entonces insistió en que yo debía pintar, y empecé a hacerlo.

En 1984 me mudé para Nueva York, donde residían varios pintores profesionales, amigos míos, y fui aprendiendo las técnicas más a fondo. Allí tomé más fuerza, de manera que cuando regresé a Chicago, en 1987, di el golpe de suerte. Participé en una exposición junto a otros pintores consagrados y fue un éxito. Una galerista americana comenzó a representarme y, sencillamente, seguí adelante.

En 1999 me mudé para Miami y aquí estoy en lo mismo, luchando.

¿Como pintor cómo se definiría?

Hay críticos que han dicho que mi pintura tiene que ver con el realismo mágico. Lógicamente con los toques y colores del Caribe, de Cuba. Cuando comencé en Chicago mis colores eran muy grises, las figuras eran muy lánguidas, muy tristes. Empecé a evolucionar tras mi primer viaje a México, cuando descubrí que el color no era un patrimonio de Cuba, que los colores vivos existían en muchas partes.

¿Cómo se ve a sí mismo, como un pintor hecho o en evolución?

Todos estamos en permanente evolución. He logrado muchas cosas, pero me faltan muchas otras. Esas cosas van a venir, pero hay que trabajar. No se puede dejar de trabajar. Yo no me conformo.

Llevo ya en Estados Unidos 28 años, esta es mi segunda patria. También quiero mucho a México, donde he estado por largas temporadas y donde he aprendido mucho sobre su arte, tan grande. Todas estas mezclas las llevo dentro, esperando que exploten “como una bomba atómica”.

¿Qué opinión le merece el mercado de la pintura latina en Estados Unidos?

La pintura latina tiene un buen mercado aquí. Y la cubana en especial. Hace poco escuché en CNN que los inversionistas en Estados Unidos estaban comprando oro y arte, fundamentalmente arte latinoamericano. Es lo que está en auge, el cambio que implica el color, las figuras, la poesía que hay en la pintura latina.

¿Qué aconsejaría a un artista cubano recién llegado, que quiera desenvolverse y triunfar en Estados Unidos?

Trabajar sobre lo que quieres es primordial. Un pintor cubano residente en Chicago me dio un consejo, en mis comienzos. Me dijo: “Tienes que pintar mucho, pero el cincuenta por ciento de tu tiempo debes dedicárselo a las relaciones públicas”. Es verdad. Las relaciones son decisivas. Las oportunidades llegan a través de la gente, a tu casa nadie va a ir a tocarte. Hay que darse a conocer. Si no puedes vivir de tu arte inmediatamente, debes arreglártelas para continuar creando paralelamente. Hay que sacrificarse al principio, hasta poder levantar la cabeza, desplegar las alas y volar.

En el caso específico del pintor cubano que llega a Miami, ¿qué le aconseja?

Creo que aquí los pintores nos estamos dando codazos. Hay que darse a conocer, y si te dicen que hay un baño público de un restaurante donde puedes colgar tus cuadros, ir y colgarlos. Al menos los verá alguien, que en la casa pocos los ven.

Y salir de Miami, no importa dónde vivas en Estados Unidos. Hablar con los medios, navegar Internet, hay muchas posibilidades.

Cortesía http://www.casimiroarte.com/


Una entrevista con Luis de la Paz

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El Ateje, la página digital editada por Luis de la Paz y Jesús Hernández, anuncia su cierre. Mientras se editó, cumplió un rol clave en la difusión de la cultura cubana, fundamentalmente de la asentada en el sur de la Florida. Dio vida a la obra de numerosos escritores exiliados, esto es, los hizo públicos. Fue, en fin, una página de referencia y consulta.

Ahora, como aseguran sus editores en la web, “El Ateje ( http://www.elateje.com/ ) concluye la labor que inició en el verano del 2001. Han sido largas jornadas de trabajo y satisfacciones. A lo largo de siete años, preparamos 21 números, en los que más de 150 autores colaboraron, la mayoría de ellos cubanos. Se publicaron 762 textos en las categorías de poesía, ensayo, narrativa, teatro y entrevista, así como reseñas de libros y secciones especiales. Se homenajearon a figuras de las letras cubanas como Lydia Cabrera, Virgilio Piñera, Lino Novás Calvo, Reinaldo Bragado Bretaña, Roberto Valero, José María Mijares, Guillermo Cabrera Infante y Carlos Victoria. Se prepararon entregas dedicadas a la narrativa, el teatro, el ensayo y las traducciones.

“Los editores de El Ateje se sienten gozosos de haber servido de puente generacional y puerta para los escritores cubanos exiliados que en muchas ocasiones no tienen oportunidad de publicar. Y el resultado se puede medir también en cifras. Cerca de medio millón de entradas se registraron”.

No obstante, la página continuará abierta al público, con la totalidad de los números publicados online. A propósito, el narrador y crítico Luis de la Paz tuvo la gentileza de conceder a Cuba Inglesa la siguiente entrevista. Que la disfruten.

Una entrevista con Luis de la Paz

Usted ha decidido cerrar El Ateje, que se había convertido en una especie de tradición en Miami, una suerte de punto de encuentro de los escritores cubanos vía Internet. ¿No le parece una decisión precipitada?

Como ya se sabe, “para cada cosa hay su tiempo”. Hubo un tiempo de abrir una revista literaria que fue El Ateje, y otro tiempo para cerrarla. Creo que lo importante es estar a punto con lo que demanda el momento.

El Ateje apareció en circunstancias muy particulares, cuando los escritores, sobre todo los cubanos exiliados, no tenían casi ningún lugar para publicar. Hoy día los avances tecnológicos, y la facilidad que ofrecen los blogs, hacen que muchos autores abran sus propios espacios y descarguen en ellos su literatura. Entonces pensé que ya El Ateje no cumplía con su misión inicial.

Por cierto, lo cerré contra los deseos de mi querido Jesús Hernández, que me ha acompañado en este batallar literario con ahínco y dedicación.

¿Cuál ha sido su mayor satisfacción a lo largo de estos años al frente de El Ateje?

Creo que ha sido la revista misma, los 21 números que sacamos, los cientos de textos que publicamos y la calidad literaria. Los homenajes que se le rindieron a figuras de las letras cubanas de distintas generaciones, como Lydia Cabrera, Virgilio Piñera, Lino Novás Calvo, Reinaldo Bragado Bretaña, Roberto Valero, José María Mijares, Guillermo Cabrera Infante y Carlos Victoria, además de las entregas dedicadas a la narrativa, el teatro, el ensayo y hasta las traducciones.

La ausencia de un proyecto cultural de envergadura en Miami se echa todavía más en falta con la desaparición de El Ateje. ¿Qué opina de la actualidad intelectual cubana, y en general de las instituciones y proyectos culturales, en la capital del exilio?

Pienso que para que un proyecto cultural funcione debe partir de una iniciativa privada y debe mantenerse lo más alejado posible de las contribuciones oficiales. Quien paga manda, por lo tanto reclama y supervisa. Incluso el público se siente en el derecho de exigir cuando se usan fondos públicos, por lo tanto mientras más privado y cerrado sea un proyecto más posibilidades de éxito tiene.

El Ateje éramos Jesús y yo, ambos trabajamos en armonía y concretamos un propósito cultural firme en Miami, y por lo tanto en la capital del exilio. Sobre esto hay varios ejemplos.

¿Tiene en planes algún proyecto cultural alternativo tras cerrar la revista?

Cuando abrí El Ateje, hacía poco tiempo había concluido con Nexos, que hice con Carlos Sotuyo y que constituyó el cimiento de lo que luego fue El Ateje. De momento no he concretado nada. Pero como me conozco y siento que tengo un deber personal con la cultura cubana, sé que eventualmente haré algo nuevo o me involucraré en un proyecto que sirva para seguir impulsando la labor de los escritores cubanos exiliados, que somos ninguneados por el aparato cultural de poder en Cuba y por las instituciones culturales en muchas partes.

De momento estoy vinculado con el Instituto Cultural René Ariza (ICRA), cuya misión es la promoción y divulgación, a través de lecturas dramatizadas y presentaciones, del trabajo de los dramaturgos cubanos. Te prometo que cualquier nueva iniciativa te la haré saber. Por lo pronto mil gracias a los colaboradores y lectores de El Ateje.


Una entrevista con Armando de Armas

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La siguiente entrevista fue realizada por el poeta Denis Fortún al escritor y periodista Armando de Armas. Asegura Fortún haber advertido, en la blogosfera, que el autor de Mitos del antiexilio “se ha vuelto un personaje controvertido y ha despertado todo tipo de criterios, lo mismo favorables que en contra, lo que a su vez ha provocado un movimiento inusitado en aquellos espacios en los que aparecen sus trabajos, lo que pudiera traducirse en un alto porcentaje de clics”.

Siguiendo la observación de Fortún, cuando además se trata de una excelente entrevista, los dejamos con entrevistador y entrevistado. Que lo disfruten:

Textual: Una entrevista con Armando de Armas

¿Cómo es que alguien nacido en un contexto puramente campesino, y sin referentes en cuanto al arte en general, se decide a estudiar una carrera de letras y finalmente se convierte en escritor?

La verdad es que no decidí nada. Ese ambiente está entre los dos elementos fundamentales para hacerme escritor. Una localidad atemporal en las cercanías de la ciudad de Santa Clara en la que los duelos a machete, los incestos y los amoríos se cantaban en décimas. Además de la épica del bandolerismo perteneciente a un pasado no muy lejano. Crecí oyendo historias de aparecidos y tesoros escondidos contadas a la luz de una lámpara chismosa. Historias a las que se daba tanta credibilidad como a las otras pertenecientes a una realidad dura y escabrosa.

Había en casa una escopeta de 16 milímetros con dos cañones, perteneció a uno de mis antepasados desde la Guerra de Independencia. Mi abuelo había estado en la guerra y en ella perdió ocho hermanos. Había también un machete paraguayo que era el arma blanca predilecta de los insurrectos. La gente cree que el machete de las cargas es el mismo machete con que se chapea un patio. Nada de eso, es un arma formidable, ya le faltaba un pedazo por el uso y el abuso y era de mi tamaño con trece años, y ni pensar que pudiera levantarlo, con una cruz plateada en la empuñadura pesaba una enormidad. Eso explica que esa arma se llevara las enemigas cabezas de un tajo y que en la primera carga al machete, la de Máximo Gómez, quedasen en el campo las carabinas españolas con el cañón trozado limpiamente de un machetazo.

Conocí a otro veterano de la independencia, que hizo la invasión a las órdenes de Gómez con el grado de sargento. Él me curó el asma, un infierno el asma, la medicina no pudo y aquel hombre, blanco y de ojos azules, que se había iniciado en Palo Monte con los congos insurrectos, me curó. En mi casa no había libros, es más, leer era una actividad sospechosa.

Mi abuela materna había sobrevivido la reconcentración de Weyler e integrado más tarde las células de acción y sabotaje del ABC contra el general Gerardo Machado (esto te lo digo sin orgullo alguno, pues lo cierto es que el desbarajuste sin solución para los problemas nacionales se inicia, precisamente, con la revolución del 33 y la caída de Machado, para incrementarse luego durante los llamados “gobiernos auténticos” y desencadenar la catástrofe del infinito descenso con la toma del poder en 1952 por el general Fulgencio Batista y su posterior fuga en 1959, dando lugar así a la tiranía de los Castro). De ella escuché las historias de Genoveva de Brabante, Tirante el Blanco, Amadís de Gaula y el Cid Campeador, que para ella eran todas verídicas. Es curioso, ya hombre observé a dos presidiarios que, retándose a muerte, escupían parrafadas enteras de La Iliada de Homero, uno en el papel de Aquiles y el otro en el de Agamenón, ambos analfabetos totales.

Es como si yo, en plena mitad del siglo XX, tuviera el privilegio excepcional de experimentar lo que sería el origen mismo de la literatura, su oralidad. Ver que la vida no sólo influía en la literatura, sino que la literatura de insospechadas maneras influía también en la vida, y más extraño aún, el privilegio de ver cómo lo hacía en las vidas de los seres más elementales y alejados del intelecto, mucho más inclusive que en la vida de la gente que se tiene por culta, puesto que para ellos la literatura era una realidad histórica, no ficción.

También, muy niño, fui testigo de la rebelión campesina contra el comunismo que aceleradamente implantaba Castro. Tráfago de hombres y de armas durante las madrugadas en la cocina de mi casa, incendio de cañaverales en la noche, disparos, rumores, represión… Luego estaba la soledad, perderme durante días en el monte sin que nadie supiera de mí, en largos soliloquios, armado de un arco y unas flechas que fabricaba del gajo de un árbol de güama y varillas de güin con una puntilla de acero insertada en la punta, un tirapiedras, un cuchillo y, cuando pude, con una escopeta de aire comprimido.

Creo que todo eso que te cuento me llevó primero a la reflexión, y mucho más tarde a la escritura. Agrégale que era muy malo para el deporte, aparte que no tenía oportunidad alguna de practicarlo, y era y sigo siendo extremadamente vago para el trabajo físico. Viéndolo desde la distancia creo que no tenía otra alternativa que el nefando vicio de la escritura. Esto que te he dicho no quiere decir que añore ese mundo en ningún sentido, y de hecho en cuanto pude, aún niño, escapé de ese lugar para nunca más volver. Mi obra no tiene nada que ver con la novelística de lo bucólico pastoril, sino con la novelística urbana. Más que nada ancla sus raíces entrelazando los géneros de la caballería y la picaresca.

De joven en Cuba te movías en un submundo peligroso, donde quebrar la ley era cosa de todos los días. ¿Esta marginalidad te ha servido a la hora de contar tus historias?

No me gusta hablar mucho de ese pasado, no porque reniegue de lo que viví, Dios me libre, sino porque, como muy bien ha observado el ensayista Emilio Ichikawa, parecería ahora que todos los cubanos provienen de ambientes marginales, moda marginal, y ya no se alardea de ser de El Vedado sino del Fanguito, de ser graduado de una universidad sino del presidio, de ser católico sino mayombero. Los intelectuales, poetas y pintores, y hasta los académicos, arriban de la isla escupiendo por el colmillo el asere y el monina y el ecobio y otros términos más iniciáticos aún. Y no tienen ni la más puta idea de lo que quieren decir, simbólicamente me refiero, aunque a veces ni siquiera literalmente. “Generación asere” creo que le llaman a eso, y lo más cómico del asunto es que la mayoría de ellos, la verdad, se gasta una cara de monaguillo o bitongo o cogegalletacón o vaya usted a saber qué. Gente que si le suenas un siquitraque al lado está corriendo hasta que se acuerde, y que en una celda haría las delicias de las auténticas y viciosas ratas de presidio.

Pero, volviendo a tu pregunta, sí, ese ambiente peligroso es el segundo elemento fundamental para que me haya convertido en escritor, junto a todo lo demás que te cuento en la anterior respuesta y, como en el caso del primer elemento, no siento nostalgia alguna por el mismo. Ambos sencillamente constituyen el sedimento, la oscura materia prima con la que elaboro mi obra, un material ciertamente escabroso, sucio y mal oliente en muchos casos, como salido de las alcantarillas de esos sueños de los cuales uno despierta un tanto avergonzado, de la índole de la sustancia que le habita allá en lo más íntimo, pero eso fue lo que me tocó, lo que me otorgaron. Uno no escoge un material. Uno tiene un material y luego trabaja, trata de hacer lo mejor con lo que tiene.

Sé de una amiga que una vez le dijo a otra: "A Mandy se le puede decir cualquier cosa, hacer con él lo que sea, porque sabe bien cómo guardar un secreto, es una tumba. Ahora, el problema es cuando escribe. No le den una cuartilla, que enseguida convierte todo lo que sabe en un cuento. ¿Hay algo de cierto en eso?

Te refieres a mi buena amiga Vicky Ruiz de Zárate. Bueno, ella es una mujer inteligente y atrevida, sus razones tendría… Pero, sí, un escritor puede ser un caballero en sus transacciones diarias y frente a la cuartilla en blanco transmutarse en un chismoso de altura. Claro, para guardar la honrilla ha de cambiar nombres, situaciones, ambientes. Así y todo, un grupo de los más patibularios personajes de mi libro Mala jugada me citaron un día a un hotel de Miami Beach para celebrarme juicio. Uno de ellos, particularmente enojado, alegaba que yo falseaba las historias, que él no había matado a su enemigo porque lo hubiese perdonado o porque hubiese envejecido, o se hubiese reblandecido, como yo contaba en el relato, sino que, simplemente, no lo había matado porque no había tenido oportunidad o no se lo había topado en el camino.

¿Y cómo resolviste un asunto tan espinoso? ¿Y cómo además no aprendiste la lección y sigues escribiendo sobre lo cotidiano y lo que le sucede a gentes que te rodean y lo que menos quieren es que se sepan sus historias, aun cuando cambias sus nombres?

Les dije a los muchachos que en vez de enjuiciarme debían homenajearme, pues gracias a mí, y con un poco de suerte, ellos seguirían viviendo en mis libros después de muertos. Vaya, que les ofrecí la inmortalidad a cambio de la no manifestación de mi inmediata mortalidad. Terminamos ese día bebiendo Heineken en cantidades industriales, riendo, llorando, recordando la época en que éramos tan jóvenes y tan locos y nada nos importaba, y la muerte era una cosa lejana que podía sucederle a otros y no a nosotros.

Todo el que me rodea ha de saber que corre ese riesgo, padezco el vicio del escriba, vicio que para colmo he elevado a categoría de virtud y por el que he pagado el precio de la persecución primero y del ostracismo después. Creo por otro lado que un personaje literario no es más que eso, un personaje literario, por mucho que se parezca a un personaje de la vida real.

Tu último libro publicado, Carga de la caballería, tiene un cuento que narra la historia de un personaje que se conecta con el mundo de los muertos, y con el pasado. ¿Estas narraciones son pura ficción o es verdad que has tenido experiencias extra-sensoriales?

Sí, he tenido ese tipo de experiencias. Cuando alguna vez me he definido como un escritor realista es en el sentido de que para mí, acorde con lo vivido, la realidad es tanto la realidad per se como las aberturas, grietas, hendijas y fisuras por donde asoma esa, digamos, realidad rara, de un orden otro, mundo de lo inasible que no por inasible deja de mostrarse y determinar con unas, para la mayoría, insospechadas fuerzas. Definir eso, explicarlo, entra ya en el terreno de la charlatanería. Ahora, estar incapacitado para explicar un fenómeno dado no me libera del deber de dejar constancia del mismo, de ser notario de sus manifestaciones. Hablo, en definitiva, de la experiencia, cualquiera que sea su índole.

En un reciente trabajo tuyo publicado en varios espacios de la Red sobre Obama, hablas de la religión Yoruba. Lo que para muchos delata a un practicante, por el conocimiento de la religión afro que manifiestas. ¿Es Armando de Armas uno de los tantos cubanos que dicen ser sincréticos y creen en Dios y Obbatalá?

Mira, yo me considero un entusiasta del estudio de las religiones comparadas. Me fascina la similitud de los símbolos fundacionales en el dogma de las grandes religiones monoteístas y politeístas, y aun la similitud de estos con los de las pequeñas religiones de pueblos perdidos en la inmensidad de la historia y la geografía. Se trata de la equivalencia del arquetipo de la divinidad manifestándose en el tiempo y las distancias. La equivalencia, ciertamente arriesga pero equivalencia al fin, del hueso de un santo en el anillo de un obispo católico con la kiyumba, cráneo, de un muerto capataz de caldero en la ganga de un tata palero.

Luego, faltaría a la sinceridad si no te hablo de mi personal y complicada historia religiosa, de mi experiencia, que es lo que al final cuenta. Bautizado católico, en un hogar con esa laxitud propia de la religiosidad existente en la mayoría de los hogares cubanos. No obstante, la mayoría de mis numerosos tíos, y mis abuelos por parte de madre, se habían convertido a la tremebunda secta de los Testigos de Jehová y pasado por las cárceles castristas por motivo de ese culto. Mi tío Alberto García protagonizó un sonado caso por propaganda enemiga debido a un mimeógrafo que le ocuparon junto a literatura de la secta, revistas Atalaya y otros panfletos, y aparecía en la muy pendeja prensa de la isla en fotos tomadas al lado del aparato, desde unos ángulos que le otorgaban el aspecto de un asesino en serie o un salteador de camino. Un hombre que era una especie de santo de lo bueno o lo bobo que era, y sigue siendo.

Con siete u ocho años integré las pertinaces huestes de los Testigos de Jehová, pero enseguida me expulsaron por motivo de que andaba enredado en peleas constantes y no ponía la otra mejilla. Esta sería la primera expulsión de una serie de numerosas expulsiones a lo largo de mi vida, premonitoria la cosa. Entonces, a medida que fui creciendo y envolviéndome en ambientes disolutos, ambientes de rompe y rasga, me alejé de toda religiosidad y dejé de tener, de percibir las experiencias pneumáticas de la niñez.

Después, una noche, atrapado en una redada y con todas las posibilidades en mi contra -es decir, de que me dejaran a la sombra por años-, fervorosa oración y promesa de por medio, ocurrió una suerte de milagro en que los papeles se trastocaron, los testigos se confundieron, el fiscal tartamudeó y los guardias se ablandaron, y nuevamente me vi en la calle, limpio de polvo y paja.

Fue ahí que empecé a regresar a los orígenes, a religarme, que es lo que significaría el vocablo religión, que viene del latín religare, volver a ligarse con la deidad o las deidades. Pero lo hice por el camino iniciático, en las logias masónicas y teosóficas y del cristianismo esotérico. Me conectaba en definitiva con la gran corriente del gnosticismo occidental, la de Valentin, Marcion, Bardesanes, Isidoro, el hijo de Basílides, y Carpócrates, pasando por Juan El Bautista, y terminando con Johann Wolfgang von Goethe, Herman Hesse y Carl Gustav Jung, por mencionar sólo algunos de los que en la historia han tomado la vía del conocimiento, de la experimentación, para relacionarse con el difuso mundo de lo divino, que es lo que más o menos viene a ser el gnosticismo, el pulir la obra de los alquimistas, el manos frescas para trabajar la de los yorubá.

Con Jung aprendí que dentro de la gran tradición cristiana y politeísta occidental uno debe trabajar espiritualmente, o psicológicamente si quieres un término moderno al uso, desde su contexto cultural más inmediato y telúrico. Que los dioses y demonios son o pudieran ser muy locales y domésticos y que, por ejemplo, un alemán, que cuenta con el acervo del dios Wotan y los poderosos espíritus de la Selva Negra, más lo cristiano, convertido al islamismo puede resultar además de absolutamente ridículo, absolutamente ineficaz y hasta perjudicial. Que un cubano, que cuenta con el acervo del dios Obbatala y los poderosos espíritus del Monte, más lo cristiano, convertido al budismo y la contemplación puede resultar además de absolutamente ridículo, absolutamente ineficaz y hasta perjudicial.

Un hipotético cubano budista pudiera decirle a otro paisano: ¡Oye, asere, te salvaste que lo mío es contemplación y nirvana y eso, que yo si no estoy en ninguna sonsera de esas de la guapería, si no te iba a reventar la cara dura esa a ver si aprendes a buscar la iluminación!

Algunos de tus detractores te acusan de ser un extremista de derecha, un encantador de serpientes… hasta aseguran que los hay temerosos de contradecirte en tus posturas políticas y que, además, eres una mala influencia que transpira sólo radicalismo. ¿Acaso estoy delante de una especie de fundamentalista del neocon?

Desconocía que yo provocara tan fuertes reacciones. Mira, no soy extremista de derecha ni de nada, lo que pasa es que nuestros moderados son como el ejemplo del budista cubano con que termino la otra respuesta, y no están dispuestos a abrirse a los puntos de vista que desmonten las bobadas en las que ingenua o interesadamente creen.

Pero, vamos a ver, si ser de extrema derecha es defender la libertad del individuo, la propiedad privada, el libre comercio como primer elemento civilizador en la historia de la humanidad, y sobre todo no estar peleado con el ser, con el orden natural de las cosas, apostar por los valores tradicionales de Occidente y además creer que todo eso debe defenderse con las armas si preciso fuera; que la guerra a veces es un mal necesario, que Estados Unidos es en el tiempo presente la cabeza de lo que conocemos por Occidente y que, por otro lado, encarna como ninguna otra nación en el mundo la democracia, la libertad y el progreso; que el Estado de Israel es un enclave occidental allá en el Oriente Medio que debe ser defendido a como dé lugar… si eso es ser de extrema derecha, bueno, pues lo siento, soy entonces de extrema derecha, fundamentalista neocon y todo lo que quieras.

Mitos del antiexilio ha dado mucho que hablar y algunos que se denominan tanques pensantes no entienden todavía cómo un sujeto como tú, a quien para nada respalda una impronta de pensador, venga a aparecerse con un análisis tan novedoso y concluyente en cuanto al exilio cubano y sus posturas ideológicas. Dime lo que piensas en cuanto a esto.

Lo cierto es que no me considero un pensador, no sé siquiera qué cosa es un pensador, los hombres somos presuntuosos al pretender que pensamos algo. Más bien tiendo a creer que algo o alguien nos piensa, o a lo sumo que los más lúcidos de la especie captan unos pensamientos, unas ideas inmanentes que pueden ir en contra o a favor del Espíritu de la Época. En mi caso las ideas y pensamientos de los que me he apropiado van contra el Espíritu de la Época, pero quizá ocurra en un tiempo bisagra en que el Espíritu de la Época pudiera estar cambiando. Esto último explicaría el relativo éxito de un libro como Mitos del antiexilio, un texto que años atrás hubiera estado condenado al ostracismo (quiero decir al ninguneo al que son tan dados nuestros progres y sociatas, representantes, claro, del espíritu epocal, ese que pareciera que, al fin, se va haciendo otoñal).

De todos es conocida tu amistad con el congresista Lincoln Díaz-Balart. ¿Tienes aspiraciones políticas en una Cuba poscastrista? ¿Alcalde por Cienfuegos o senador por Las Villas?

Mi amistad con Lincoln Díaz-Balart está sustentada en la afinidad de ideales respecto a Cuba y su libertad, y en que, por otro lado, es un hombre con una gran cultura y sentido del humor, alguien con quien puedes hablar de política y de los entresijos de la política, de historia, arte y literatura, alguien que de niño contó con un maestro excepcional, nada menos que el poeta Gastón Baquero. Digamos que, congresista aparte, Lincoln resulta más intelectual, y sobre todo más inteligente, que muchos de nuestros atildados intelectuales al uso.

En cuanto a mis aspiraciones políticas, la verdad es que no las tengo. La política sólo me interesa desde el punto de vista de la escritura política y, por supuesto, siempre estaré orgulloso de haber sido un opositor a la más feroz tiranía padecida en el Hemisferio Occidental. Pero ello, demás está decirlo, no me hace un político, sino alguien que tuvo y supo defender sus ideas políticas.

La tabla fue tu primera novela, escrita de manera clandestina en Cuba con medios muy rudimentarios, es decir, bolígrafos y papel, por lo que asumo le tienes un especial afecto. Sin embargo, aún no se publica. ¿Está signada por algún sino maléfico o es que todavía no estás listo para que sea consumida por los lectores? ¿O se trata de pudor debido a lo cruda que resulta y al hecho de que los personajes que la componen viven todavía y bien pueden verse retratados de alguna forma?

Empiezo a contestar la pregunta por lo último. No tengo pudor alguno, a un escritor que se respete le está vedado tener pudor, si lo tiene que se dedique a otra cosa. Creo que el problema fundamental para que La tabla (dieciocho años después de haber sido escrita y de ser una de esas obras del ambiente underground de las cuales muchos hablan y pocos conocen) no haya sido publicada es el Espíritu de la Época de que te hablaba. Pero felizmente ese espíritu, iniciado probablemente con la Reforma Protestante, incrementado notablemente en el siglo XIX, apoteósico y avasallador en el XX con el triunfo del nacionalsocialismo por un lado y el internacionalsocialismo por el otro, con su legado de estatismos, gregarismos, hombres nuevos, campos de concentración, gaseamientos y fusilamientos, resultado en definitiva del racionalismo extremo, de la oscura superstición de la razón pura y dura, felizmente, decía, ese espíritu pudiera estar dando muestras de ir hacia el ocaso, y La tabla quizá pudiera tener finalmente su lugar bajo el sol, o al menos bajo las prensas.

Termino con lo que pudiesen ser dos preguntas en una. ¿Cómo es que pueden convivir en una misma persona el escritor hasta cierto punto agnóstico, que por un lado es practicante de la religión Yoruba, con fe en lo supremo y respetuoso de lo etéreo, y por el otro el irreverente en cuanto a maneras de conducirse y hasta de vestir, lo que te hace ver muy lejos de los clichés que asumen los intelectuales cubanos sin importar orillas? Una gorrita bolchevique, por ejemplo, o unos espejuelos montados al aire, tú sabes.

Bueno, no son dos preguntas, me has disparado sin piedad una ráfaga de preguntas. Veamos. La literatura, el arte y el pensamiento, si son, son paradojales. La vida misma es paradojal, y no hay mayor paradoja que la paradoja divina, nada más hay que estudiar desprejuiciadamente el Libro de Job para entenderlo. Entonces, creo, cualquiera que apueste seriamente por captar y transmitir algo de la literatura, el arte o el pensamiento inmanentes, de la vida misma, que pretenda religarse mínimamente con la divinidad, ha de ser, por fuerza, una persona paradójica, no hay manera de escapar de eso, sólo asumirlo, asumirlo y punto. Respecto a las gorritas bolcheviques, me dan escozores testiculares, y en cuanto a los espejuelos, a Dios gracias aún no los necesito.

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